Todos tenemos momentos que nos marcan en nuestro recorrido por esta vida de alguna manera.
Algunos nos enseñan a afrontar riesgos, perder miedos, comprobar que somos capaces de hacer cosas que ni siquiera habíamos imaginado. Otros nos demuestran que definitivamente hay cosas que no queremos volver a vivir.
La cosa es que por muy mal que nos hubiésemos sentido, por muy mal que la experiencia haya sido, hoy en día, podemos decir que tuvimos una experiencia que nos marcó, porque las cosas ocurren por algo y soy del pensar que siempre las cosas son para bien.
9 situaciones que han marcado mi vida
Hoy te hablaré de 9 situaciones que han marcado mi vida de alguna manera, de la niñez a la adolescencia, que según la Organización Mundial de la Salud, está última va desde los 10 a los 19 años.

1) Las pelas

Cuando tenía 4 años, mi padre me dio mi primera pela. Todo porque en el Jardín le pegué a una niña y la hice sangrar.
No recuerdo por qué fue la pelea, lo que recuerdo es que mi padre llegó de la reunión con la profe hecho una furia y yo me escondí. A la final me encontró y me pegó.
Recuerdo que me dijo que uno no hacía sangrar a la gente porque podía hacerlo, que todo se soluciona mejor hablando.
Fue la primera y única vez que mi padre me pegó, la pela no me dolió tanto como el saber que había decepcionado a mi padre y que estaba bravo conmigo.
Nunca más tuvo motivos para pegarme y todo porque nunca le volví a pegar a la gente o bueno, no hice sangrar a nadie 🙂
La anécdota de la pela de mi madre ya se las compartí, en caso de que no la conozcan. Ella me enseñó que la cocina es peligrosa y que hay que tener mucho cuidado con el fuego 😀
El asunto es que las pelas que me dieron mis padres me enseñaron a ser una niña mucho más obediente. Me brindaron el valor de enfrentarme a ellos y de hacer valer mi palabra y no ver a mis padres como enemigos.
Aunque no estoy de acuerdo con la violencia, creo que a veces una pela a tiempo soluciona muchos futuros problemas. Si, lo siento por las madres y padres que están completamente en contra de las pelas.
Una cosa es una pela dada por algo con justificación y otra un maltrato. Lo lamento, pero soy del pensar que hay niños, como yo, que una pela a tiempo los encamina 🙂

 2) La separación de mis padres

Cuando tenía como 13 años, mis padres se separaron.
Recuerdo que fue una etapa muy dura de mi vida. Fue difícil para mí estar sin mi madre y recuerdo acostarme llorando en las noches, pero sobre todo recuerdo que al final dejé mi orgullo a un lado y le rogué a papá que fuera a buscar a mi madre y me la trajera a casa, porque está era mi casa y ella podía vivir conmigo.
Las peleas de adultos son cosas de ellos y siendo tan pequeña lo comprendía, pero aprendí que uno no debe decir las cosas simplemente porque puede decirlas, sobre todo cuando son cosas que hacen daño.
Mi madre tenía buenas razones para separarse y la admiro por haberlo hecho. Aunque siempre me pareció que se demoró mucho.
El tema es que mi padre, obviamente, no quería asumir su parte de culpa y lo que hizo fue echarla de casa, porque era su casa, no la de ella. Mi madre no tenía a donde ir y no podía llevarnos con ella, así que nos dejó con papá y yo que era mayor debía cuidar a mis hermanos y seguir estudiando.
Fueron meses difíciles pero a la final mi padre no pudo con la presión y le tocó ir a buscarla. Ella volvió a casa, las cosas cambiaron, pero siempre he pensado que cambiaron para bien y creo que mi padre aprendió una lección mucho más grande de la que aprendí yo en esa época.

3) Mi primer novio mayor

Cuando tenía 16 años conocí un chico de 22 años. Uno a esa edad es completamente impresionable.
Fue un flechazo y era encantador, simpático y me cautivó completamente, el problema es que al ser tan mayor mi padre no lo aceptaba. No le gustaba que estuviera con un chico tan mayor con amigos tan mayores, pero yo estaba encaprichada y no había quien me quitara la idea de la cabeza de tener algo con él.
Pues bien, nuestra relación empezó y yo descubrí lo que eran las prohibiciones y el control. Tras 16 años de libertad, de confianza y de tranquilidad, empecé a no poder salir o si salía tenía que llegar a casa a las 9 de la noche. No me dejaban ir a pijamadas con mis amigas y las visitas de mi novio eran controladas.
Fue complicado, pero sobrevivimos unos meses a ello.
Hasta que un día el chico empezó a hablar de «cuando nos casemos…» «cuando estemos en otra ciudad… » «cuando termines el colegio…» «cuando tengamos hijos…» Diossss era una niña, ni siquiera me había acostado con él y ya tenía mi vida organizada.
Tenía 16 años, quería vivir muchas cosas, no que alguien me mangoneara. Además no podía salir con mis amigos, no podía hacer cantidad de cosas. No solamente por las prohibiciones de mi padre, sino también por las de mi novio…
Ahí descubrí que yo no puedo tener una relación donde alguien me controle o donde me armen la vida que yo no sé si quiero vivir, menos aún sin consultarme.
Lo dejé y aunque me dolió porque me gustaba mucho, mi madre me dio una gran lección y cuando me vio llorando me dijo:
«Eres muy joven, por qué llorar por uno cuando hay tantos por ahí… Porque no disfrutar la vida cuando puedes y aprovechar que ahora tu padre te dejará salir de nuevo…»
Eso me sirvió para que a los dos días estuviera como si nada, disfrutando de fiestas y con un nuevo pretendiente 🙂

16 años, qué gran época 😀

Sin embargo, la historia no termina ahí. Un año después lo volví a ver y volvimos, porque supuestamente ya había madurado y sabía que no podía imponerse y porque bla, bla, bla…
Pues bien, esto me enseño que definitivamente hay cosas en la vida que no se deben repetir, que es mejor experimentarlas una vez y no intentar dar segundas oportunidades, menos en las relaciones, ya que muy pocas veces vale la pena dar una segunda oportunidad.
Yo aprendí con él un concepto muy diferente a «uno perdona, pero no olvida», yo si puedo olvidar, pero hay cosas que a veces es mejor, sencillamente, no repetir 🙂

4) La venganza llega cuando menos lo esperas y sin buscarla

Cuando tenía 15 años, estuve enamorada de un chico.
Diosss me encantaba. Fuimos novios, pero terminamos pronto y nos convertimos en los mejores amigos del mundo mundial 😀
Nos contábamos todo, yo lo adoraba, pero sabía que él me quería solamente como amiga. Así que lo acepté y fuimos amigos durante años, conocí muchas de sus novias y él mis novios.
La verdad aprendí a quererlo solamente como amigo. Sin embargo, antes de eso, cuando aún estaba enamorada, todas mis buenas amigas lo sabían y un día lo llevé a la fiesta de una de esas amigas. Cual sería mi sorpresa cuando él unas semanas después me cuenta que se ha vacilado con mi amiga (eso significa que se han besado y toqueteado).
Mi amiga no me contó nada y yo dejé de considerarla amiga, porque esas cosas no se le hacen a los amigos. Al menos es algo que yo no haría, porque desde joven aprendí a no hacer a alguien algo que no quiero que me hagan a mi.
Un año después, ella en un aguacero apareció en mi casa con su famoso ex, un chico que le encantaba, pero el tipo ya no estaba interesado y al parecer quedó prendado de mí.
Empezó a enviarme cartas, dulces y cosas. A mí no me interesaba, pero me hice novia de él solamente porque era su ex y ella aún lo quería.
Síiiii lo sé fue una marranada. No andaba buscando como vengarme, llegó sin planearlo y no me arrepiento. Fue entretenido, el chico era muy divertido, no me enamoré de él, pero la pasamos bien juntos los meses que duramos como novios.
Con mi ex-amiga tenemos una relación cordial, pero las cosas nunca fueron como antes, porque sencillamente cuando algo se rompe, se rompe… y esto me enseñó que no es necesario pensar en vengarte de la gente cuando te hace cosas malas, la mejor venganza llega cuando no la planeas, cuando no la esperas ni tú.
Por eso yo nunca planeo vengarme de la gente que me hace daño, soy una convencida de que a cada quien le llegará la hora cuando le tenga que llegar, de una o de otra manera.

5) La amistad es muy importante

Cuando eres adolescente vives muchas primeras veces, tienes muchos amigos y las cosas parecen más grande de lo que realmente son.
Sin embargo, dependiendo del país que seas, ciertas cosas son muy mal vista. Como por ejemplo fumar marihuana y meterte cualquier otra droga en el cuerpo.
Sí, ya sé que me dirás que es mal visto en todas partes, pero tras 4 años en España te diré que allí el consumo es bastante y la gente no te aísla o te mira mal si consumes de manera «moderada».
Por lo cual, en conclusión según lo que viví, allí es normal y hasta común que la gente lo haga.
Pues bien, eso no ocurre en mi país de crianza. Una persona que consume drogas es muy mal vista y prácticamente es aislada de la «sociedad» y a veces de la propia familia.
Cuando era joven tenía un amigo que quería mucho y que en una época fue un gran amor. Resulta que a él le gustaba fumar marihuana. Nunca fue agresivo, ni me trato mal, siempre fue un excelente amigo, de hecho era muy protector y siempre me cuidaba mucho.
Nunca me ofreció drogas y hacíamos muchas apuestas (donde casi siempre yo ganaba) y él tenía que estar varios días sin consumir. La pasábamos genial juntos y él prácticamente vivía en casa.
Un día mi madre se dio cuenta de su «problema», algo que yo obviamente no le había contado. Cuando me llamó y me dijo que tenía que hablar sobre mi amigo, me dio mucho susto que me dijera que no podía ser más amiga de él, porque eso es lo que los padres hacían:  prohibir, aislar y encasillar a una persona por esto e intentar que tu hijo (a) no se deje influenciar por ellos.
Pero mi madre es de otro material y lo que me dijo fue:
«Me he dado cuenta que tu amigo, orina sentado». Yo me quedé «WTF» no entendía qué decía y ella continúo: «Sí, sentado, porque está fumando marihuana».
No sé si era una expresión de la gente mayor o qué, pero me causó mucha gracia y le dije: «sí madre así es»
Porque una cosa que aprendí de pequeña era a no mentir a mis padres, siempre me fue mejor diciendo la verdad.
Ella me dijo: «pues bien, qué vamos a hacer para ayudarle, porque no puedes dejar de ser su amiga, él en este momento necesita gente a su lado y no estar solo».
Con esto mi madre me enseñó dos cosas:
1) que uno a los amigos no los deja tirados cuando más te necesitan y que por más malas decisiones que tomemos en la vida, no hay que juzgar a la gente, hay que aprender a aceptar a las personas con sus defectos y amarlas por sus virtudes y
2) que los padres pueden sorprenderte y darte los mejores consejos que hayas escuchado en tu vida.

6) Mi primer amor

Creo que esto ya se los he hablado en otros artículos, pero yo tuve un gran amor de joven. Alguien a quien quise mucho, un gran amigo en esa época y en esta.
Cuando terminamos, porque él me puso los cachos. No pude perdonarlo, no fui capaz de hacer como si nada hubiese pasado.
Fue duro, estuve deprimida mucho tiempo y pensé que nunca iba a volver a querer a otro hombre (Siii ya sabes como puede ser uno de trágico a los 18 años).
Esto me enseñó que la persona que menos esperas, puede traicionarte. Así que mi consejo y lo que aprendí es que no hay que darle poder a la gente para que te haga daño y sobre todo aprendí que por más mal que estés siempre encontrarás ángeles en el camino que te ayudarán y te sacarán del hueco en el que estés, permitiéndote ver nuevamente la luz y sobre todo las cosas con una mayor perspectiva.
Años después, cuando volvimos a hablar (porque eso sí, duré como dos años sin hablarle), él tenía una novia que quería mucho, pero ella se la pasaba poniéndole los cachos con un chico diferente siempre y él me preguntaba:
«Diana ¿Cómo hiciste para seguir adelante y no perdonarme, porque yo siempre termino perdonándola, pero sé que ella no cambiará?» y le dije:
«No sé como hice porque muchas veces me dolía tanto el pecho que pensé que iba a morir. Sin embargo te diré que prefiero sufrir un tiempo determinado por algo a sufrir constantemente el desengaño y el dolor de una traición.
El dolor es más fácil manejarlo cuando tu mismo lo controlas, no cuando otra persona tiene el poder de herirte cuando menos lo esperas«
No sé si eso le ayudaría, pero a la final pudo dejarla y seguir adelante.

7) La primera vez que intenté vivir lejos de casa de mis padres

Tenía 17 años y me fui a vivir donde mis tíos a Cali. Una ciudad grande, llena de posibilidades para una joven abrirse camino. Yo quería buscar un trabajo, ahorrar y poder estudiar.
Sin embargo, mis tíos eran sobre-protectores y me asfixiaron tanto que a los 3 meses regresé a casa y dije: «nunca más, aquí me quedo y no salgo hasta que pueda hacerlo por mi misma».
La ayuda de ellos era importantísima, porque cuando no tienes nada. Tener techo y comida es una gran ayuda, pero yo no podía dar mi libertad a cambio de eso y me enrranché en que no iba a renunciar a eso. Así que me quedé en mi pueblo.
Estudié sistemas, contabilidad, secretariado, modistería, manualidades, pedicura… en fin, lo que fuera con tal de prepararme para cuando lo intentara de nuevo.
Esta experiencia me enseñó que a veces si quieres cumplir tus sueños debes sacrificar algunas cosas y yo no lo intenté de nuevo hasta que fui capaz de renunciar a ello.

8) Dejando al fin mi casa

Un poco más madura (un año y medio después de la experiencia 7) lo intenté de nuevo. Volví a Cali, aunque no era mi intensión quedarme con mis tíos, resultó un trabajo temporal por tres meses y una estancia corta, se convirtió en una convivencia de cuatro años y medio.
Durante ese tiempo aprendí muchas cosas al vivir con mis tíos. Aprendí a renunciar a mi orgullo, a mi libertad, a mi opinión. Aprendí a morderme la lengua, a sonreír cuando quería llorar, a que a veces para cumplir los sueños debes comer mucha mierda y comerla callada.
También aprendí que la gente tiene una manera de preocuparse muy diferente a la tuya y no por ello estén equivocados o hacen las cosas mal.
Simplemente es la manera que conocen y debemos aprender y sobre todo tener claro lo que queremos, porque las ayudas siempre son importantes y son necesarias cuando empiezas una nueva vida, es genial contar con alguien que nos de una mano.
Además, y lo mejor es que aprendí a valorar mis sueños, a abrazarlos con fuerza y sobre todo a buscar la manera de conseguirlos.
Aprendí a ahorrar, aprendí el valor de estudiar, de aprender, de la familia. Aprendí que aunque hay cosas que no te gustan en el camino, la vida es maravillosa cuando tienes a alguien que te quiere, te cuida y te da más de lo que tu esperas. Así a veces sean cosas que no quieres o crees no necesitar.

9) Mi primer trabajo

Tenía 19 años cuando conseguí mi primer trabajo (serio).
Era un trabajo temporal y nunca pensé que iba a ser más de tres meses, así y todo di lo mejor de mi.
Todos los días llegaba feliz porque iba a aprender algo, porque iba a ser un gran día. Estaba llena de energía de ganas y esas ganas me duraron 3 años y medio.
A pesar de que la vida allí no siempre fue fácil, a pesar de que la esposa de mi jefe era una bruja completa que me trataba mal, que me ponía memos para que no trabajara un par de días y ahorrarse unos pesos no pagándome esos días. Aunque me trataba como una mierda, aprendí a valorar las cosas pequeñas, a saber qué no quería en un trabajo, que no volvería a buscar en una relación laboral, pero sobre todo aprendí que si quieres algo puedes buscarlo y hay muchas maneras de saltarte a la gente mala de tu vida.
Porque siempre, en todo contexto, hay gente buena, hay gente mejor y hay gente que quiere y abraza los cambios y eso me lo enseñó mi primer trabajo.
Llevaba tiempo sin contarte anécdotas, creo que con esto me he puesto al día 🙂
Creo que te he dado bastantes pistas sobre mí y  porque soy así en muchas situaciones de mi vida. Me considero una soñadora que no se le acaban los sueños por más mal que estén las cosas.
Me considero feliz y entusiasta, pero sobre todo me considero una persona optimista y que tiene fe en las personas. Mucha fe…
Y ahora bien, qué tal si me cuentas algo que te haya pasado de joven que te haya marcado de alguna manera…

7 comentarios

    1. No he dicho eso, he dicho que una buena pela a tiempo te enseña mucho. No sé tú dónde vives, pero en el mundo que yo vivo hay muchos niños que necesitaron una buena pela en su momento, porque hoy en día son unos impresentables :/

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