Esta semana he estado en mi querido pueblo: Sevilla, quién estuvo de aniversario (112 años de fundación). Pues buen, muchas son las actividades que se han disfrutado durante toda la semana: serenatas, cabalgatas, desfiles, yipados, rumba, bandas, reinas, etc.
Desfile de Yipao 2015Aunque yo muy juiciosa he estado en casa, descansando de mis cirugías y disfrutando de la paz y tranquilidad que me da estar con mi familia. Sin embargo, el sábado nos hemos ido para Armenia a ver Avangers, encontrarnos con Lina y luego de regreso arrimamos a Caicedonia a saludar a mi otra buena amiga Sandra.
Ya en Sevilla, en la noche, nos hemos ido a bailar con mis padres, quienes no se pierden una buena fiesta y menos cuando son como las de la fiesta de la cosecha que cada año celebra, en las fiestas de Sevilla, la Casa de la Cultura.
Pues bien, aunque llegamos con ganas de cama, después del paseo, nos hemos ido a bailar y sí, bailamos como hace años no lo hacíamos. No tomamos un trago, pero nos acostamos como a las 4 de la mañana tras hablar, bailar y compartir. Sólo con eso he tenido, para estar el domingo enguayabada y con un dolor de cabeza, que ni para qué les cuento.

Los años no llegan solos

Me siento vieja, ya no aguanto un triquitraque con castañuelas, o como sea que se diga el dicho. Me siento como si tuviera 34 años o un poquito más. Aunque sin faltar a la verdad, debo decir que lo pasé genial y vinieron a mi mente muchos recuerdos de una época de mucho baile y buenos momentos.
El sábado vi, tal vez por ultima vez este año, a mis mejores amigas, no juntas, pero eso a la final no importa. Fue genial verlas, compartir, hablar un momento y sentirnos cerca. Son muy especiales para mi y me encanta mantener esa conexión a pesar del tiempo y el espacio que nos separa desde hace tanto.
Y pensando en ellas es que ayer me puse algo nostálgica recordando las canciones de antaño, esas que nos rumbeábamos y nos gozábamos cada que salíamos y que hoy parece que hubiese sido hace mil años, cuando realmente no es tanto.
Lo más gracioso es que cada una recuerda canciones diferentes, yo soy más de esas canciones de cantar y reír por su letra y ellas más de rumbear o de escuchar en uno de nuestros bares de antaño. Sea como sea fue divertido hablar con ellas mientras nos mandábamos pedazos de canciones y cada una se burlaba de la otra por ser tan vieja.

Mi padre también se puso algo melancólico y empezamos una charla de música de baile de su época. Porque resulta que desde que mi padre y mi madre están juntos bailar es uno de sus pasatiempos favoritos y es que no se quedan sentados cuando salen, es impresionante la energía que tienen y eso que siempre me lleva, al menos él, más 40 años, por lo que siempre me sorprende su buena disposición y sus ganas de reír y disfrutar cada momento de la vida.

El futuro es incierto

No sé qué me depara el destino para el futuro inmediato, mucho menos para un futuro más lejano. Sin embargo una cosa tengo clara, mis amigas estarán allí pase lo que pase y mi familia siempre tendrá momentos de risa para brindarme alegría en mis momentos tristes.
Así que hoy, aunque me siento vieja, también me siento afortunada y muy feliz de estar en mi vieja casa que tantos recuerdos me trae, porque [piopialo]para una persona con tan pocas raíces como yo, tener algo que nunca cambia es una bendición.[/piopialo]
Así que si llega el momento en que te sientas vieja, recuerda que eso no es algo malo, por el contrario es una bendición sentir que has vivido, compartido, experimentado, perdido y ganado con el pasar del tiempo. Porque:
[piopialo vcboxed=»1″]las vivencias no te las quita nadie y ellas son parte de lo que eres y de lo que serás en el futuro.[/piopialo]

Tú ¿Qué tan vieja te sientes últimamente?

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