Como les comenté en mi último post, Mani nos ha invitado a Malacca, ya que tenía que hacer una vuelta en la ciudad y creyó que podía gustarnos visitarla.
Así fue como empezó lo que iba a ser un viaje de un par de horas y se convirtió en dos días de varias visitas al Templo y sobre todo nos acercó un poquito más al mundo hindú.
Debo decir que sí fue una gran experiencia y sobre todo fue interesante. Así que prepárense porque vamos a viajar un poco a un mundo totalmente nuevo.

El día del viaje madrugamos, porque quedamos de vernos con Mani a las 7am en Batu Caves.
Lamentablemente no pudimos conseguir taxi a esa hora y casi no llegamos al lugar. Diría que «como buenos colombianos llegamos tarde», lo cual es terrible, teniendo en cuenta que llevamos ya mucho tiempo trabajando la puntualidad, pero bueno, a veces las cosas se salen de las manos así que toca enfrentarlas y aprender de ellas.
Al final llegamos al Templo de Batu Caves a eso de las 7:30am, Allí nos topamos con una boda hindú que iban a realizar.
Nos quedamos un rato observando, hasta que iniciaron las primeras ceremonias.
Según nos contaba Mani al principio el novio está sólo en una especie de altar, con un familiar de la novia (el representante, puede ser el padre o el hermano mayor).
Ella se encuentra oculta hasta muy avanzada la ceremonia (nosotros lamentablemente no alcanzamos a verla, lo cual es una lástima, porque seguro estaría preciosa).
Él nos decía que un matrimonio hindú tiene muchas partes y dura bastantes horas.
Por lo cual no nos podíamos quedar, aunque lo cierto es que teníamos muchas ganas, pero ya estábamos comprometidos en otra cosa, así que a eso de las 8:30am salimos a desayunar primero y luego emprender nuestro camino hacia Malacca.
Como la idea del viaje era también conocer al hijo de Mani, eso hicimos.
El chico tiene 16 años y junto con él viajamos. El chico manejaba, eso sí rapidísimo y todo un loco, lo que hacía que Mani se la pasara regañándolo y yo no podía de la risa.
El recorrido fue de unas tres horas, con parada de descanso incluida. Los lugares de descanso no son muy diferentes a los de otros países. Hay lavados, aseos o baños (como quieras llamarlos), hay un lugar donde venden chucherías, frutas y refrescos.
Así mismo hay muchas cabañitas para descansar del incesante calor y obviamente hay mucho espacio para parquear. Llegamos a las afueras de Malacca y nuestra primera parada fue a un Templo Hindú.
Este templo no tiene atractivo turístico, por lo cual es solamente para fieles o aquellos que quieran conocer sobre la religión Hindú y pasen exactamente por el lugar, que como he dicho no hay nada turístico que llame la atención ver por allí.
Los templos tienen muchas cosas especiales, pero les diré qué me ha gustado de este:

  • Siempre se desviven en atenderte y ofrecerte lo que tengan a mano en cuanto a comida. Como llegamos antes del medio día, nos dieron cosas dulces. Muy ricas.
  • Nos permitieron andar por el Templo, conocer el lugar y sobre todo, el chico que «cuida» que según entendí está «preparándose» para ser «monje», habló mucho rato con nosotros sobre lo que hace, lo que es el templo y demás.
  • Es un lugar con imágenes de dioses, un bonito altar lleno de colorido y vida, pero sobre todo tiene un salón común para reuniones, comidas y lo ofrecen para los que necesitan un lugar para pasar la noche
  • El lugar es muy limpio, tranquilo y bastante agradable.

A eso de la 12:30pm nos hemos ido a buscar algo de comer. Obviamente comida hindú, bastante picante 🙂
Lo curioso es que el restaurante queda cerca a una mezquita, donde estaban orando cuando pasamos y luego muchas de esas personas entraron al restaurante hindú a comer.
Me parece genial, de verás lo digo, porque por ejemplo Mani es de los que dicen que para él la mejor comida es la hindú y no le llama la atención probar otras cosas (es muy radical, pero como él seguro hay cientos de personas) y me pareció interesante ver que no es algo que aplica para todo el mundo y que a pesar de que sean de religiones diferentes, eso no significa que no puedan disfrutar de la comida y cultura de otras personas.
Tolerancia, eso creo que prima en este país  (o al menos lo que he visto hasta el momento).
En el trayecto ya habíamos hablado sobre la posibilidad de quedarnos a pasar la noche. Como nosotros no tenemos problema, buscamos un hotel económico y nos acomodamos.
Mani se fue con su hijo a hacer su vuelta, el motivo del viaje, y nosotros nos quedamos en la habitación, pues hacia un calor abrumador y como llevábamos toda la mañana fuera, era más que merecedor un tiempo de descanso y poder refrescarnos.
Además aprovechamos para hacer la siesta y reposar, entre más calor hace a mí más modorra me da, no sé porque.
Sí, no salimos a conocer la ciudad, la verdad no nos apetecía, fuimos sobre todo por conocer y adentrarnos un poco más en la religión Hindú y creímos que está iba a ser una buena oportunidad para ello, ya que íbamos a estar con Mani todo el tiempo.
La ciudad como tal no nos llamaba la atención. Pero si a ti te interesa conocer un poco sobre ella, te recomiendo la crónica realizada en el blog Sin Mapa.
Como a las 5:30pm nos reencontramos de nuevo con Mani y su hijo, no les he dicho como se llama, su nombre es Krishna.
Hemos vuelto al templo ya que la idea era asistir a la «misa» o ceremonia que realizan.
Llegamos y estuvimos allí orando, o en mi caso meditando. También conociendo al «padre» y disfrutando del altar, el cual en la mañana que fuimos estaba «cerrado», solamente se abre durante las ceremonias.
Como a las 6:30 hemos salido con destino a la casa de alguien, donde se iba a llevar a cabo la gran ceremonia del día.
Es como una fiesta, donde primero rezan, oran, piden, cantan y esas cosas y luego pasan a comer, platicar y compartir.
Debo decir que eso sí que fue genial. Es muy bonito desde los cantos, hasta las palabras que dicen y lo que hacen durante la ceremonia.
Ella dura más de una hora y pasa entre cantos, cantos y más cantos, bendiciones y unas pocas palabras que al final también se cantan.
Tras todo esto, que en otra nota les detallaré mejor, pasamos a la comida. Una comida gratis que te ofrecen con todos los juguetes como se dice.
Hay de todo y para todos los gustos. Al final también te ofrecen postre y lo bueno de esto es que no solamente es para los «fieles», sino que también se comparte con no fieles, vecinos, visitantes, amigos que no sean de la religión.
En ese momento se trata de compartir, no de separar a las personas por su religión. Lo que me pareció muy bonito. Mucha gente quería hablar con nosotros, pues éramos los «raros» y querían saber sobre nosotros, nuestros gustos, religión, país.
Los amigos de Krishna  alucinaban conmigo y me decían y preguntaban cosas, era muy chistoso.
Las niñas más pequeñas me observaban como tratando de definir por qué motivo yo era tan rara. Descubrí en esta socialización, que a los hindúes les encanta hablar, pensaba que era algo exclusivo de Mani, pero qué va, todos son por el mismo estilo.
Buena gente, conversadores y muy, muy atentos. Lo cierto es que pasamos una día genial con ellos y una noche aún mejor.
Al otro día, Sábado, la idea era dar una vuelta por la ciudad antes de irnos. Así que lo primero que hicimos fue pasar por el templo a desayunar con ellos y despedirnos.
Estuvimos un rato allí. Siempre hay algo qué hacer, qué hablar y a la final nos demoramos unas buenas horas.
Desayunamos dos veces, porque lo dicho, la comida nunca escasea en este sitio. Al final, antes del medio día salimos. Sin embargo, Jaime y yo teníamos un compromiso en la tarde-noche, por lo cual para nosotros era mejor irnos temprano.
Así que decidimos llegar directamente a Kuala Lumpur, sin pasar por la ciudad de Malacca, ni hacer otro programa a las afueras y comer juntos, antes de nosotros ir a hacer nuestro otro programa.
Y así fue como terminamos nuestro plan del viernes y sábado. Sin embargo, el fin de semana hindú no acaba, el domingo la pasamos en otro Templo Hindú en Kuala Lumpur, en compañía de Mani y su hijo, pero de este sitio les hablaré en el siguiente post, ya que este se me ha hecho largo y no quiero agobiarte con tanta historia.
Además porque ese sitio, a pesar de que puede parecer «igual a todos», tiene cosas especiales y más aún lo que nos ha pasado antes de llegar, merece toda una mención.
Hasta la próxim,a y no olvides contarme qué te ha parecido y qué te gustaría que te contara que creas haya olvidado mencionar 🙂

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