En Asia parece que es común que los apartamentos no tengan cocina. Donde estamos hay cocina, pero no hay muchos elementos que ayuden para “cocinar”. En este país se ayuda a la economía de otros comiendo fuera 😉 Y es que con lo bajo que son los precios, lo cierto es que sale más caro cocinar en casa que comer fuera. Esto es algo que será interesante explorar y comprobar porque en Colombia, aunque la comida “corrientazo” es más económica que en Europa, difícilmente podrías comer en restaurante todos los días. Salvo que tengas un buen salario, y eso.
Sin embargo, aquí parece lo común. La gente hasta desayuna y se da sus otros golpes fuera de casa. Así que tras descansar toda la tarde de nuestro primer día, nos dispusimos a salir y enfrentarnos con lo desconocido. Ya saben que hay muchos comentarios de: “no sabes lo que te van a servir”, “allí se comen hasta las ratas y los perros”, “No hay control de higiene”… En fin, si se pone uno a escuchar y creer todo lo que dicen por ahí se queda mejor en casa y no se viene a este lado del mundo. Es la única manera de estar a salvo 😀
Así que armados con todo el valor y el hambre que (yo tenía) – porque Jaime desde que estamos aquí no le da hambre y yo mantengo famélica – 😀 Nos fuimos a buscar por el barrio donde comer. Hay muchos locales de comida y aunque todos se veían igual, elegimos uno que tenía aire acondicionado y wifi. Al entrar descubrimos que malayo no era el lugar, era un restaurante chino. Tras hablar con el camarero. Un señor de unos 70 años que hablaba un poquito de inglés. Hicimos nuestro pedido advirtiendo. “No picante”, “No carne”, “Pescado” y “Iced Tea” para tomar. Esperamos.
Nos han traído un pescado “apanado” en salsa de algo con arroz y un té chino en hielo. “Bueno” dijimos. “No tiene mala pinta, huele delicioso, así que a comer” y eso hicimos. Nos comimos nuestro plato de pescado con una salsa que resultó ser una delicia a pesar de lo sencillo que se veía. Al momento de pagar la cena para los dos nos costó 15,5 MYR (3,87€).

En el barrio en el que estamos no puedes esperar grandes sitios para comer, todo es sencillo, austero. El lugar que elegimos, que se llama: Meng Kei SeaFood fue un gran acierto y la cantidad de gente que va, ya sea a comer allí o llevar para casa, es bastante. Por lo que te hace sentir como parte del lugar. Porque difícilmente podrás serlo, ya que todos hablan diferentes idiomas que no logras distinguir para nada y eso, particularmente, es de las cosas que más me llamaban la atención de este viaje.
Así que sí madre, a pesar de lo melindrosa que soy para la comida. Me estoy portando bien por aquí. Comiendo de todo y sin rechistar, sin quejarme y sobre todo disfrutando. Porque una cosa es cierta, los sabores, los olores y la comida, hasta el momento ha resultado ser una delicia.
Estoy preparando para más adelante un artículo sobre las comidas que hemos disfrutado, sobre todo para la tía, que muy preocupada anda pensando qué estamos comiendo por aquí 😀

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