Hablando de retos, en Traviajar hice un artículo donde te hablé de los que estoy realizando actualmente: retos de escritura, yoga, inglés, ejercicio, lectura… Son desafíos que me ayudan y me impulsan a ser mucho más productiva, algo que motiva en mi trabajo y estudio.
Sin embargo, hoy te voy a hablar de un reto que ha generado una revolución en las Redes Sociales propuesto por Miguel del Blog aempezar.com y consiste en, nada más y nada menos que, pasar 24 horas sin quejarte. Una tarea que no es nada sencilla.
La ventaja es que al no quejarte conviertes tus pensamientos negativos en positivos y eso permite que pases de negro a blanco en cuestión de segundos. Cuando logras ser un experto en la materia 🙂
Asume el reto: No quejarte

Mi experiencia con el reto de no quejarse

Este reto me encanta porque llevo años trabajando el tema de la responsabilidad. De asumir lo que me toca con respecto a lo que pasa en mi vida. He dejado de echarle la culpa a los demás porque tengo poco dinero, porque llego tarde a una cita, porque no puedo hacer un trabajo a tiempo, porque sí o porque no pasa x o y situación en mi vida.
No ha sido fácil, hay días que quiero despotricar de todo el mundo, y cualquier cosa que me digan o hagan me pone los pelos de punta y quiero encontrar una persona que me entienda y quiera regarse junto conmigo hablando mal de los demás y quejándose por la situación que sea.

Es la ley de la vida, es lo que hemos visto en casa, es lo que nos han enseñado desde pequeños. Es lo «normal».

¿Has notas que eso le pasa a las personas que ven noticias y quedan cargadas de lo malo que están viendo? Ellos durante el almuerzo se quejan y quejan por la situación del país, por el tipo que robaron o mataron en no sé qué lugar… Encontraron la razón perfecta para quejarse y lamentarse y por ahí derecho dañarle el día a quien tienen al lado.
Nos dejamos afectar por otros. Permitimos que esas personas tomen el control de nuestras emociones.
No digo con esto que nos volvamos insensibles y que no sintamos dolor por el sufrimiento ajeno, eso no tiene nada que ver. Una cosa es sentir simpatía o lástima y otra tirarte el día entero lamentándote y quejándote por cosas que tu no tienes forma de cambiar.
Por más chunga que sea la situación, todos estamos aquí aprendiendo algo y lamentablemente nunca viviremos las mismas situaciones por más que las experiencias sean muy parecidas. Así que ¿Qué nos ganamos quejándonos por lo que no podemos cambiar?
Me considero una persona positiva, sin embargo, si le preguntas a algunas personas de mi familia te dirán todo lo contrario. Porque en este momento, ellos ven en mi rechazo a muchas de sus situaciones e ideas. Esto no se debe a que sea negativa, no me importe o me queje, es porque hoy, aquí y ahora, estoy en una dinámica completamente diferente a ellos y no me interesa sus dramas.
Si ellos son felices quejándose, lamentándose, no cambiando y buscando soluciones «fáciles» a sus problemas. Es su proceso, yo he decidido no meterme y dejar que hagan y sean lo que les de felicidad. Sin rencores, sin quejas, sin lamentos. Porque yo estoy viviendo mi proceso y ellos deben aprender y vivir el suyo a su manera.
¿Es complicado no involucrarse y más aún no quejarte por sus malas decisiones? Claro que lo es. Es sumamente difícil, pero he aprendido que es la vida de ellos, yo estoy viviendo la mía y el cómo decidan ellos vivir la suya es asunto de ellos.
Siempre les envío amor, sabiduría, aprendizaje, luz y la mejor energía en sus procesos. Porque yo he elegido mi camino y ellos el suyo, esa es la vida y el no involucrarse forma parte del proceso.

Yendo un paso más allá de no quejarte

En cuanto a las quejas, he querido ir un paso más allá y le he adicionado el evitar las palabras duras, injustas y malsonantes cuando estoy enojada o deseosa de quejarme.
Porque es inevitable querer quejarte por una injusticia que te pasa o que ves que ocurre. Es inevitable no soltar madrazos y querer acabar hasta con el nido de la perra porque te sientes ultrajada, ofendida o pisoteada en tu ego. Es normal. Comprensible.
Sin embargo, cuando empezamos a evaluar lo que pensamos y no decimos lo primero que se viene a nuestra cabeza, logramos evitar decir palabras ofensivas e injustas. Llegamos hasta lograr no juzgar y dejar que las cosas sigan su curso, como debe ser. Sin nuestra interferencia.
¿Qué te ganas con quejarte porque hoy te ha cogido la tarde para llegar al trabajo? Ya pasó. No hay nada que hacer, solamente acepta que fue tu culpa y de nadie más. Sin darte mucho palo, por favor. Si te quejas y te dañas el desayuno, el camino al trabajo y la llegada, lo único que conseguirás es dañarte tu día y de nada servirá porque con quejarte no cambias el hecho de que ya llegaste tarde.
Otra queja común es el dinero y lo que normalmente decimos es: «no puedo hacer esto porque no tengo dinero«. Todos la hemos dicho en algún momento de nuestra vida y te diré que la mejor solución para esto es empezar a tener una consciencia responsable con respecto a tu relación con el dinero. Si no manejas bien tu economía ¿Cómo esperas tener dinero para hacer todo lo que quieres?
Asume tu responsabilidad, acepta que el no tener dinero es culpa tuya. No es culpa de tu jefe, de tu esposa que te hace gastar más de la cuenta. De tus hijos que piden y piden. De la sociedad que te «obliga» a tener lo que no puedes pagar. No es culpa de nadie, salvo tuya, que no sabes decir no y que no sabes manejar tu dinero, punto.
Acéptalo, asúmelo, deja de quejarte y has algo que con quejarte el dinero no llegará del cielo.
Una queja que ya he visto en varias amigas es: «no logro que un novio me dure o me quiera como yo quiero» ¿Sabes a qué se debe eso? A que tú no te quieres lo suficiente y no te aceptas y valoras como eres, así que ¿Cómo esperas que otra persona lo haga? Esa falta de amor propio hace que seas dependiente, que necesites aprobación y necesites del otro para sentirte bien, feliz y amada.
Lamentablemente, aceptar esto es sumamente complicado y nadie, viviendo una situación así, es capaz de asumir su responsabilidad y por ello es mejor echarle la culpa a todo el mundo, menos a si misma. Porque una cosa es cierta: «cada mujer tiene el tipo de relación que quiere tener».
Así que no te quejes. Asúmelo, acéptalo y haz algo para que ese círculo vicioso cambie. Y el primer paso es aceptar tu parte de culpa. El segundo paso es asumir la responsabilidad de tus palabras, actos y sentimientos. Ese es el mejor camino para empezar a tener el control de tu vida.
Te lo dije. Dejar de quejarse no es sencillo, no forma parte de nosotros. Estamos acostumbrados a las quejas, a los lamentos, a buscar los culpables a nuestros problemas, fuera de nosotros, nunca en nosotros mismos.

Así que te tengo dos invitaciones hoy:

Que intentes hacer el reto de Miguel de: no quejarte durante 24 horas.
Es un proceso lento, no es sencillo, pero sí gratificante. Lo bueno es que con el tiempo será algo mecánico, ya ni lo notarás, pero cuando te vayas a quejar sentirás que una parte de ti te frena y te guiará por otro camino:
El de cambiar lo negativo por lo positivo
Aceptar tu parte de culpa en el asunto
Buscar soluciones en vez de culpables
Agradece por lo que sea estés pasando. Por las cosas sencillas que tienes en tu vida, por lo básico, por lo que das por «normal».
Cuando agradeces y asumes tu responsabilidad empiezas a cambiar el chip.
Responsabilizate de tus decisiones, de tus palabras, de tus acciones, de tus sentimientos. De lo que pasa en tu vida, de lo que tienes o no tienes, de lo que atraes o alejas.
Aceptar la responsabilidad es un paso enorme ante las quejas, ante las situaciones injustas y ante la vida tan infeliz y oscura que crees que tienes.
Si quieres tener una vida llena de aventura, oportunidades, esperanza y sueños. El cambio está en tus manos.
Y como le dije a una persona que quiero mucho hace poco. «Si te parece que la vida es dura e injusta, no eres lo suficientemente valiente para estar en ella. Esto a penas está empezando y la vida es mucho más dura con el pasar de los años. Así que enfréntalo o bájate de este mundo, porque aquí los que sobreviven son los valientes. no los quejicas.»

¿En que lado de la línea estás tú: en la de los que se quejan o en la de los que asumen responsabilidades? O puede que no estés en ninguna de las dos ¿Cuál sería la otra opción?

¿Te animas, aceptas el reto y sigues con esta cadena? 24 horas es poco y el cambio que genera en tu vida bien merece el esfuerzo. Recuerda que para cambiar el mundo, primero debemos empezar por cambiar nosotros.
Reto 24 horas sin quejarte

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