Esta semana me han pasado dos situaciones que me han hecho vivir a tope y sobre todo me han permitido mirar el miedo a la cara. Así que si eres algo miedica, miedosa o sensible bien puedes abstenerte de seguir leyendo porque lo que viene puede ser bastante movido.
Aunque no sé si a la final podré relatar bien lo que he vivido, al menos de una manera que tú lo sientas como lo sentí yo, pero aquí vamos y al final espero me cuentes si he conseguido trasmitirte un poquito de ese miedo, aprovechando que estamos justo en el mes que es 😀

Perdida en Union Station: El miedo a no encontrarme

Resulta que el fin de semana salimos a pasear y estábamos cerca a la estación Union Station.

Mirar el miedo a la cara: Perdida en Union Station
Foto de Union Station en Washington. Octubre 2014

Si has venido a Washington has pasado por allí porque 1) es preciosa la estación y 2) está muy cerca al Capitolio, por lo que de seguro pasaste si o sí por allí.
Pues bien, en la estación hay una plazoleta muy buena de comidas y la idea era comer allí. Lamentablemente a esos de las 7pm que llegamos estaba cerrado el japonés y los demás estaban empezando a cerrar. Así que no pudimos comer. Al menos lo que queríamos.
La familia se quedó mirando qué encontraban y yo decidí irme para el baño. El de abajo estaba cerrado así que subí por el ascensor y les dije que nos veíamos allí. Solamente hay un baño por este lado, así que no había pierde.
Como no sabía cuánto había que subir le di al último piso, pero llegué a un pasillo tenebroso (de esos de hospital de terror), así que cerré la puerta y bajé al piso del medio.
Allí me bajé y busqué el baño. Llegué hice una cola y entré.
Ellos aún no llegaban, así que estaba yo sonándome la nariz cuando llega la tía y me llama. No alcancé a responder en ese momento porque estaba ocupada, así que solté el papel y le dije «aquí estoy», hice lo mío salí tranquila porque ya estaban allí.
Sin embargo, cuál sería mi sorpresa cuando salí fuera y no había nadie. Busqué a ver si la tía estaba dentro y nada, mire afuera a ver si estaban escondidos o yendo a algún sitio, pero no se veía sino gente con maletas.
Me hice a un lado y me dispuse a esperar porque seguro tendrían que volver. Mientras esperaba me puse a buscar Internet en el iPod, porque como no tengo celular, pues no tengo cómo llamarles.
Estaba en esas cuando suenan las sirenas y empiezan a evacuar a la gente.
Me quedé mirando cómo todo el mundo salía, pero yo seguía sin ver a la familia. Me rezagué lo más que pude a ver si aparecían y nada.
A la final el policía se me acerca y me dice que debo salir y empiezo a caminar hacia afuera, pero no quería moverme de dónde estaba porque se suponía que ahí nos íbamos a encontrar.
Pues nada, me fui caminando lentamente y de un momento a otro todo el mundo empezó a entrar de nuevo.
Así que me puse a mirar si veía a alguno, pero nada. No aparecía nadie.
Me había decidido ir hacia el coche (porque ahí seguro llegarían) pero antes de salir iba a dar una última vuelta cuando al final del pasillo veo a Jaime.
No saben la alegría que me dio verlo. El problema es que se movía muy rápido y pensé que se me iba a perder con toda esa gente entrando y pasando.
Pero al momento el miro hacia donde estaba y nos encontramos. Ahhh más bonito…
Y sí, fue una bobada y aunque no estaba realmente asustada, ni llegué a sentir miedo, con el sonido de las sirenas me alarmé un poquito. Fue de película, impresionante.
El pobre Jaime la pasó bien mal, porque él es así, se asara mucho cuando me le pierdo y no sabe dónde estoy. Además cuando la tía me buscó en el baño y «no estaba» se preocupó mucho más.
Fue una bobada, pero [piopialo]así de simple la gente se pierde de verdad[/piopialo]. ¡¡¡A qué da susto!!!

El miedo a estar perdida me ha enseñado que

Cuando viajas es necesario identificar muy bien dónde estás, dónde son las salidas de emergencia y en dónde queda el carro en caso de pérdida
Tener una especie de «código» en caso de que nos perdamos. Por ejemplo si nos perdemos en una estación, el punto de encuentro será el punto de información. O si nos perdemos en una gran ciudad, después de cierta hora nos vemos en un lugar especifico.
Porque la verdad es que uno no cuenta con situaciones como la que nos pasó en la estación. La evacuación bien podría habernos hecho perder mucho más 🙁
Fue tanto el susto del pobre Jaime que ahora ya tengo un teléfono móvil, porque yo tan contenta que ando sin él, parece ser que en estos casos es de suma importancia 🙂
No alarmarse. Creo que mantener la mente clara es sumamente importante para no armarte películas y de pronto sufrir una crisis nerviosa. La calma es sumamente importante.

Mirando a la cara a una cucaracha: El miedo a los bichos

Hemos estado en el Museo de historia natural de Washington (uno de nuestros favoritos). Allí hay una sección de insectos muy chévere e interactiva.
Pues resulta que yo no tengo problemas con los gusanos, moscas, hormigas, lagartijas, arañas y demás, pero también tienen cucarachas, cientos de ellas, y hay un chico que habla sobre estos animales (varios de ellos) y te los pone en tu cuerpo si así lo quieres.

Mirar el miedo a la cara: Miedo a las cucarachas
Con una cucaracha de Madagascar en el Museo de Historia Natural de Washington

Te juro que casi salgo corriendo de allí.
Dios es horrible!!!
Agarrar una araña, una babosa no me parece terrible, pero tenía unas cucarachas que te cubrían la palma de la mano. Impresionante.
Pues nada, Jaime me dice:
– «¿Quieres tomar una?»
– y yo «¿Estás loco?»
– y me dice «es un buen momento para mirar tu miedo a la cara, seguro no será tan horrible y es mejor hacerlo aquí que estando sola».
Pues bien, a veces puedes razonar con una frase como estas y hacerte la loca y tomar otro camino, pero yo no hice eso, me acerqué con cierto temor y empecé a observar qué bichos tenía y que hacía.
Jaime le dijo al chico que yo le tenía mucho miedo a las cucarachas pero que me gustaría tomar una.
Él muy simpático empezó a hablar de ellas, de dónde eran, todo lo que vivían y cómo se identificaba si era macho o hembra y zuas, le puso una en la mano a Jaime.
Yo solamente escuchaba y asentía con la cabeza y me hacía la loca por no mirar esa cucarachara. Cuando menos pensé me tomo la mano y sin darme cuenta le quito la cucaracha a Jaime y me la puso en la palma.
Me quede quieta, porque no quería que se moviera. El tipo siguió hablando y hablando y yo pensando: «bueno ya me la puse, ahora quítamela» pero nada llegó más gente y él hable y hable de los otros insectos y más cosas y yo ahí sola, (a pesar de la gente) sola con la cucaracha.
Empecé a meditar, a mirarla fijamente y a nivelar mi respiración, me tocaba con la otra mano mi estomago, porque sentía que iba a vomitar en cualquier momento. Todas las tripas se me movían y lo que seguramente fue un segundo para mí era una eternidad.
Después de un rato, el señor se olvidó de mí, hablaba de la cucaracha, la mencionaba y me señalaba como si fuera la modelo de cucarachas y todas las personas fascinadas viendo como la sostenía con tanto valor.
Al final, creo que esas palabras de admiración hicieron que pudiera relajarme un poquito más, hasta que pude tocarle la coraza y sentir cosquillas, más que fastidio, cuando se movía.
Fueron como 10 minutos, que para mí han sido una eternidad y la cucarachita tan linda y quieta, como sosegada cuando la acariciaba. Fue una situación irreal si te digo la verdad, aunque lo que es cierto es que me sentí como una campeona.
Me sentí grande, valiente y seguramente eso lo expresé porque cuando al fin le dijimos al señor que nos íbamos, porque por él me dejaba con la cucaracha todo el día, el tipo todo lindo saco una mariquita de pegatina y me la puso en la camisa y me dijo «para que no olvides el valor que has tenido hoy»…
Fue muy lindo y puede parecer una estupidez, pero te juro que me sentí más cerca de algo más grande que yo.
Sentí que podía con el miedo y que si era capaz de soportar tener esa cucaracha en mi mano tanto tiempo, podía con cualquier cosa. Porque aunque parezca absurdo las cucarachas para mí han sido un trauma que poco a poco y paso a paso voy superando.
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Ahí tienes mis aventuras del fin de semana. Creo que el miedo sigue siendo una constante en nuestras vidas, pero el cómo lo vamos afrontando, el cómo vamos poco a poco superándolo es lo que hace que cada día sea una aventura.

Y tú ¿Cuándo fue la última vez que miraste el miedo a la cara?

Te invito a que si tienes la oportunidad de enfrentar uno de tus miedos, no salgas corriendo.
[piopialo vcboxed=»1″]Lánzate y asúmelo, te aseguro que luego te sentirás que puedes comerte el mundo.[/piopialo]
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6 comentarios

  1. En cualquier viaje, siempre es conveniente concretar un punto de encuentro por si alguien se despista.
    Si se pierden niños pequeños, el problema es mucho más grave. Una medalla o una pulsera con los datos básicos: teléfono, grupo sanguíneo,… facilita mucho las cosas para tranquilizarse y buscar con un poco de orden.

  2. A pesar de que no le tengo miedo a las cucarachas no sé si podría tener una en la palma, mucho menos una serpiente.
    En cuanto a las perdidas, si son más normales en mi,

  3. En su favor, esa cucaracha no está tan horrible como las que uno encuentra debajo de la cama de un cuarto al que no le hacen aseo hace años. Esas no las toca ni alguien sin miedo a los bichos jejeje…
    Te pasé un artículo que escribí hace tiempos por si lo quieres referenciar la próxima vez que hables de Washington 🙂

    1. jajaja Dani es verdad. Esta cucaracha es más «aseada» y bien conservada, las otras son cochinas y andan quién sabe por dónde… Ni me lo recuerdes 😀
      Sobre el artículo, lo tengo para cuando vuelva a hablar del tema, que será pronto, eso seguro 🙂

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