Esta parte va a ser muy corta, como son mis despedidas, pues me parecen sumamente deprimentes y no me gustan para nada, así que en la medida de lo posible intento evitarlas y si es viable escabullirme de ellas o ignorarlas, quién me conoce sabe que es así.

Sí, es algo feo, la verdad, pero bueno cada uno tiene su forma de expresar sentimientos y emociones, la mía es evitando las despedidas. Esto no quiere decir que no diga “adiós”, pero la verdad es que no me gustan las reuniones para despedir a alguien y mucho menos los entierros donde también despides a las personas y hay gente llorando y otros con ganas de suicidarse, me parece demasiado deprimente y me baja mucho las energías, pero bueno, a todos nos toca pasar por eso.

Nuestra despedida de Colombia no fue nada especial, no hicimos cena ni nada por el estilo, de mis compañeros de la Fundación prácticamente ni me despedí, todo fue muy rápido y no hubo tiempo para nada, en Sevilla me despedí de mis amigas de toda la vida (Lina y Sonia) y mis compañeras de la oficina (Yenny y Claudia), salimos a rumbear, nos embriagamos y después de un rato muy prendida me fui para la casa (obviamente antes de que les diera por hacer un brindis de despedida o algo así)….
De mis compañeros de Cali nos despedimos con un almuerzo, de mi familia me despedí tres días antes de salir para México, un domingo, fue muy triste despedirme de mis padres y hermanos, pero simplemente fue un hasta luego, pues tengo la confianza de que pronto nos volveremos a encontrar. De mis tíos me despedí el día del viaje, almorzamos juntos y estuvieron en el aeropuerto, junto con la familia de Jaime, (padres y hermanos y las novias de los hermanos). Es muy triste la despedida en el aeropuerto, pero lo más chistoso es que ese día nos paso de todo, así que la despedida fue rápida y corta.
Les contaré, resulta que llegamos al aeropuerto como dos horas antes del viaje, pasamos las maletas y 3 de las 4 tenían sobre peso, así que nos toco abrirlas y sacar lo que más podíamos, dejándolas exactamente con 23 kilos cada una, esto nos evitaba pagar un sobre cupo en Colombia, luego saliendo a México y de México a España, así que sacamos principalmente libros, que era lo que más peso hacia, esto nos tomo algo de tiempo. Luego hicimos el cheking y ya nos quedaba tan solo 45 minutos antes del vuelo a Bogotá, así que nos sentamos a hablar y tomar algo, no habíamos terminado cuando mi primo vio en la pantalla que el vuelo ya estaba terminando de abordar, así que nos toco salir a la carrera, despedirnos y correr hasta la entrada, fuimos los últimos en abordar, ya estaban cerrando el vuelo, un poco más y nos quedamos. Así que la despedida fue rápida, poco lagrimosa y nada dolorosa.

En Bogotá nos encontramos con María Clara, compañera de la Fundación y nos quedamos donde nuestros amigos Mario y Ewa, quienes nos dieron posada por esa noche y al otro día nos dejaron en el aeropuerto para nuestro viaje a México.
Bueno, escribiendo les diré a mis amigos y familia, que lamento mucho si no me despedí como debia, pero no me gusta despedirme cuando se que pronto nos volveremos a ver, ya sea aquí o alla, esta separación aunque parezca muy grande no es nada, porque hoy en día las relaciones se pueden mantener y fortalecer a pesar de la distancia. Obviamente hace falta el contacto físico, de eso estoy segura, pero hoy en día es mucho más fácil llamar, escribir y saber como están todos que hace unos cuantos años, así que aunque estemos separados por unos kilometros de tierra y mar estamos unidos por un sentimiento que la distancia no podrá borrar si es puro y sincero.

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