Esta semana me pasó algo muy chistoso: Estaba mercando en mi supermercado preferido, aunque aclaro que no es algo que me guste hacer, la verdad sea dicha. Sin embargo, es algo que es indispensable hacer. 
La gente que merca está metida en su mundo. Cada uno buscando sus productos, a veces se encuentran con alguien que conocen y hablan, pero normalmente van solos o acompañados, pero solos igualmente.
Nadie se fija en nadie, cada uno va a su bola. Es un lugar donde hay mucha gente pero uno se puede sentir completamente solo.
Sonreir
Yo normalmente voy con Jaime, pero siempre me separo, pues a mi me rinde más que a él, que le gusta leer etiquetas y quedarse horas y horas viendo un solo producto.
El cuento empieza cuando estaba sola por los pasillos tratando de alcanzar unos productos que estaban muy altos.
En estos casos, siempre me toca pedir ayuda. Eso me causa gracia, pues la gente no está acostumbrada a que le interrumpas «su actividad» para pedirle favores, y más de uno se sorprende cuando lo llamas y le pides ayuda.
Eso no quiere decir que no lo hagan de buena gana, más cuando ven la gran sonrisa que tienes. No tienen de otra que sonreír y hacer lo que le pides, para mi, es como si lo desarmaras.
Tras molestar a varias personas, no podía de la risa y tenía una gran sonrisa en mi cara por lo que no paraba de reír. Parecía una loca.
Entonces iba pasando por un pasillo y en contravía venia un señor mayor, yo lo saludé y le sonreí, pero seguí mi camino.
Noté que el señor me miró como “y esta quién es”, pero igual intento sonreír.
Después de un rato me lo vuelvo a encontrar en otro pasillo y le sonrió nuevamente. Como ya les dije [piopialo]mercar no me gusta, así que trato de hacerlo muy divertido[/piopialo], descolocando a la gente, para que el momento pase con rapidez.
La cosa es que el señor me paró en seco y me dijo:

– “¿por qué sonríes tanto, te estas burlando de mi?”
– y le digo “no señor, sonrió porque estoy feliz. Hoy es un gran día”
– “¿si, por qué?, conseguiste novio, trabajo ¿Por qué eres feliz hoy?”
– “porque hace un día hermoso
– y me dice con cara de hastió “pero si llueve”
–  “Pero estamos vivos, respiramos y no estamos solos. Mire a su alrededor, hay mucha gente ¿No le parece motivo suficiente para estar feliz?”
– y el señor me mira y sonríe (al fin una hermosa sonrisa de verdad) y me dice “Pues sí, ya verás que sí es un buen motivo para estar feliz”

Cuando Jaime me ve hablando con este señor, que no paraba de contarme cosas y estuve con él un buen rato, me pregunta quién es y de dónde lo conozco. Le conté lo que pasó y me dice: es normal cada vez se te ve más la luz.
Aquellos que estén en “esta honda” entenderán el término y aquellos que no, simplemente pueden pensar que recibimos lo que damos.
Yo estaba feliz ese día, lo transmitía, la gente lo notaba e hice feliz a un extraño que mercaba solo. Que se puso a hablarme un rato de su fallecida mujer y que a pesar de su soledad, por un momento en su día, se sintió contento de que una extraña le sonriera, le escuchará y le hiciera feliz.
Tal vez eso no sea nada, pero me gustaría pensar que de alguna manera eso tan pequeño generó un cambio. Al menos en mi lo hizo.

Sonreir

[su_box title=»Participa >.<» box_color=»#dec6f8″ radius=»5″]¿Cuándo fue la última vez que sonriendo a extraños sentiste que, de alguna manera, generaste un cambio en alguien?[/su_box]

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