Siempre he tenido la mentalidad de que uno terminará pareciéndose a sus padres. No hablo de una apariencia física, que se puede dar, si no más bien en nuestra forma de ser, actuar y hasta de pensar.
Algunas personas dirán que no es cierto y que son totalmente opuestas a sus padres. Pero son aquellas personas que nos conocen, los que nos hacen caer en cuenta que tenemos, aunque no lo queramos, algunas manías o actitudes muy parecidas a alguno de nuestros progenitores.

Con mi madre en Bogotá (febrero 2012)
A mi la verdad es que no me molesta para nada, de hecho me gusta, pues si hay alguien a la que quiero parecerme es a mi madre.
Una mujer echada pa lante, trabajadora, directa, con un sentido del humor cruel y sincero, pero sobre todo una mujer noble, buena amiga y positiva.
¿Cómo no voy a querer parecerme a ella? o ¿Cómo voy a enojarme cuando alguien me dice “cada vez te pareces más a tu madre”? para mi eso es un halago y nunca será una ofensa.
Sin embargo, el cuento viene a que ayer iba a salir y llevo meses, tal vez años, sin pintarme las uñas, pero justo antes de salir me dio por hacerlo y cuando terminé, recordé a mi madre; porque ella tiene ese vicio que nunca he podido entender: de pintarse las uñas momentos antes de salir a bailar o a algún sitio.
Entonces me causó mucha gracia y lo único que pude decir fue “definitivamente, no hay marcha atrás, cada vez me parezco más a mi madre” 🙂

¿Tú, te pareces a tu madre? ¿Te gusta que te digan que te pareces a ella o te molesta?

5 comentarios

  1. No me digas, ¿es de las que se pinta las uñas en el último minuto y sale agitando las manos para que se seque el esmalte? No me digas, son más, muchas más, de las que piensas…

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