En febrero de este año, estuvimos en Colombia durante tres semanas. Después de varios días allí, llegué a la conclusión de que la gente ha cambiado y debo decir que no todos para mejor. Lo que me hizo pensar luego, es si son ellos los que han cambiado o he sido yo. Puede ser que el mundo ha estado girando a un ritmo en el cual ya no me siento identificada, pues al fin y al cabo han sido tres años fuera de mi país. Lejos (físicamente) de muchas personas, he visto muchas cosas y eso ha hecho que vea la vida de una manera muy diferente.
Por ejemplo, me sorprendió ver que la gente era muy maleducada. En una capacitación que tuve, las personas se iban y no se despedían; se topaban contigo en el camino y te ignoraban… Cuando yo vivía allí, aunque no fuésemos amigos, al menos existía el respeto y decir “buenas tardes”, “adiós” o al menos mirarte cuando pasa al lado tuyo y no hay nadie mas. Es un compañero de trabajo al fin y al cabo. Pero descubrí que ahora parece que ignorar, mirar el celular y seguir como si nada, es la mejor alternativa… Bastante triste me pareció eso, aunque sobre todo fue desconcertante.
Para muchos, estar fuera de su país es sentirse de esa manera todo el tiempo. Aunque también les sucede cuando llevan mucho tiempo sin visitar su tierra. Entonces, me llegó otra afirmación que hacen los que viven fuera y vuelven después de un tiempo a su país y se sienten que ya no están en casa. La gente te mira raro, con desprecio, envidia, indiferencia, no sé. Me pareció curioso, pero sobre todo me hizo comprender mucho a ciertas personas que ya no sienten su país como propio, porque allí ya no se sienten valorados. Como si el salir les hubiese quitado ese “privilegio”…
Aunque claro, no falta el que quiere saber cómo te va, pero sobre todo es para decirte que “sí, Europa es genial, pero yo nunca dejaría mi país, pues es una maravilla y no podría soportar vivir sin la bandeja paisa y que la gente te trate como extranjero”… Ya lo sé, ironías de la vida, pues así se sienten muchos extranjeros en Colombia y algunos colombianos que deben volver…

En cuanto a la familia, el tema es muy diferente. La mayoría está feliz de verte, de preguntarte cosas, de contarte de qué va su vida y lo que le ha pasado y es interesante ver que aquellos que dejaste siendo unos niños, ahora son más grandes que tu y hablan con madurez y han dejado la infancia. Otros se han casado, rejuntado, tienen novia (o) nueva (o), hijos, se han separado. Lo dicho, la vida sigue, pero la familia siempre te trata con amor, así algunos sientan algo de envidia. Pero los compañeros de trabajo, ese es otro tema…
Sin embargo, y para concluir, creo que el hecho de haber visto cosas que otros no han tenido la posibilidad, no te hace ni mejor ni peor persona. No por ello te deben tratar diferente o tu debes tratar diferente a los demás. Pues así como has estado en otro lugar, te has perdido cosas de tu propio país que añoras, extrañas y hubieses querido presenciar o estar con tu familia cuando pasó algo malo. La vida que nos ha tocado vivir es diferente para todos y lo único que nos queda es disfrutarla, aprovecharla y sobre todo dejar los prejuicios.

2 comentarios

  1. Seguro que todos cambiamos, ademas cuando las personas se van y regresan, los que estamos creemos que los que vienen cambiados son los que regresan, pues de todas maneras son años sin vernos y no sabemos como los pueden cambiar las costumbres y el desapego que puede haberse suscitado por la distancia.
    En nuestro caso puede que sea poco lo que se nota el cambio,porque hablamos todos los días,pero cuando no se da una comunicación continua, siempre se da como un rechazo por que no se sabe como nos van a recibir, luego de no vernos algunos años, son varias las circusntacias, así que no podemos hacer ochi con todos los marranos.

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