Ya saben un poco como ha sido la dinámica con Heidke y Kate. Pues bien lo que no les he contado es que dormimos los cuatro en la misma cama. Si señores y todas esos prejuicios que tienes sobre dormir con gatos y demás, también los tenía yo. No creas que no. Ya te lo dije antes, soy de perros y no precisamente de dormir con ellos. Pero a veces toca hacer de tripas corazon y ver cómo van a funcionar las cosas. [piopialo text=»Twitéalo»]¿Si no abres tu mente y vives la experiencia, cómo puedes decir que no te va a gustar?[/piopialo]
Mensaje de MuimuiPues bien, así es como resultamos durmiendo con dos gatas en la misma cama. Y es que al final la cama era de ellas, nosotros eramos los invitados en sus dominios. Y debo decir que a pesar de ocupar mas espacio, nos permitieron estar con ellas y compartir. Al principio fue complicado. Nosotros tendemos a acostarnos tarde, el espacio es pequeño y las pobres se acomodaban para dormir más temprano (de lo que yo suponía que dormían esos bichos). Pues ¿qué pasaba? que llegábamos nosotros con toda la cara, las despertábamos y nos acomodábamos. Al principio ellas se ponían a jugar o hacer cosas para llamar nuestra atención, cuando nosotros queríamos era dormir. Pero las habíamos despertado, eran como niños, imagino yo. Pero después descubrí que había que organizar la cama antes de que ellas se acostarán y así cuando nosotros nos acostábamos no las incomodábamos tanto.
¿Qué fue difícil? Para que te digo que no si sí. Heidke le gustaba hacerse pegada a mi y yo vivía con miedo de darle una patada y mandarla a volar. Pero tras varias noches me di cuenta que eso no pasaba y me relaje, al fin y al cabo el animalito este tiene más reflejos que yo. Kate prefería el lado de Jaime, pero no se pegaba mucho, ella era más de estar allí, pero no se pegaba como la otra. Sin embargo, cuando Heidke se fue de casa (por su malestar), la muy atrevida se metía en medio de los dos. Como un bebé. Cuando antes ni pasaba de las piernas. Lo que hace sentirse la dueña del lugar 🙂
Snuggles manipulándomeCuando nos fuimos a vivir al otro apartamento, donde éramos no cuatro sino cinco. El espacio era mucho más grande y la dueña nos advirtió de mantener las puertas de los cuartos cerradas porque sino los bichitos estos se entraban. Nosotros las primeras noches lo hicimos, pero Snuggles se enfermó, <Una historia que te contaré luego (porque tiene aventura incluida)> y para que para no dejarla fuera y que de pronto se hiciera daño, la entramos una noche a dormir con nosotros. No en la cama, pero sí en la habitación. Los gatos se quedaron fuera. Pero Jaime me decía que le hacía falta dormir con ellos. Pues extrañaba a Heidke y Kate, pero no sabíamos si estos iban a dormir en la cama con nosotros. Yo al principio no quería, pero al final me convenció el tema, pues ellas te calientan los pies más rico (y eso que aquí no necesitas de esas cosas) 😀
Pues bien, tras dos noches donde la perra durmió con nosotros, Jaime decidió dejar la puerta abierta a ver si las gatas entraban a dormir en la habitación. Spunky no necesitó mayor invitación, cuando nos fuimos a acostar esa noche, ella estaba muy pancha en la cama. Jaime feliz porque el gato iba a dormir con nosotros. La gata ni sus luces, la primera semana se la pasó encerrada en un cuarto y a duras penas salía a comer y cagar. ¿Pero saben qué era lo mejor? el gato tenía un plus. Daba masajes. Te dejo el video abajo para que veas. Era una pasada.

Heidke viendo televisión con JaimeEra muy chistoso, uno se acostaba y él te sentía, te olía y luego arrancaba. No todas las noches, sus masajes eran dados cuando él quería y no siempre era igual. A veces duraba un momentito, otras duraba un rato más largo, pero lo cierto es que siempre eran geniales. Y al terminar se acostaba encima de uno un buen rato y el Garfield este pesaba de lo lindo. Pero lo mejor era el ronroneo que hacía, me encantaba.
Snuggles por su parte, se sintió celosa de ver que el gato podía dormir en la cama y ella se mantenía en el suelo, así que empezó a pedir pista. La cama era muy alta para ella, por lo que no podía trepar y como yo ya estaba encariñada me dejé manipular y la subí una noche y desde entonces, éramos nuevamente cuatro en la cama. La otra gata (Muimui) nunca durmió con nosotros, creo que dijo: «mucha gente en esa cama, gracias«, pero después de unos días entraba a dormir al lado, en un súper cojín/sillón (no sé qué era eso) que había.
¿Qué les puedo decir? nos mal acostumbraron y la compañía nos hacía sentir bien. A mi me encantaba, trabajaba en la sala hasta tarde y Snuggles se quedaba todo el tiempo conmigo acostada al lado, a los pies, al costado y por muy profunda que estuviera, a no más sentía que me paraba, salía disparada detrás de mi y me acompañaba mientras me cepillaba y me preparaba para entrar en la cama. Cuando ya me veía acomodada, me hacía ojitos y manitas para subirla. Era divina!!!! El gato, ni pa que les cuento, ese todo el día dormía en la cama, por toda ella y en la noche se hacía abajo en un rincón. Más inteligente. Por toda esta rutina que creamos, creo que por eso ahora nos hacen tanta falta. Nos encariñamos un montón con ellas y con él y siempre fueron una buena compañía para dormir.
Yo trabajando y Snuggles haciendo perezaEn las mañanas era muy chistoso. En el apartamento pequeño, las gatas se levantaban entre las 7 y 8 de la mañana. Nosotros tendemos a dormir más que eso. Pero ellas descubrieron cómo despertarnos. Resulta que los gatos son muy cuidadosos con su andar, ellos no mueven nada cuando pasan por el lugar más estrecho. Pues en las mañana Heidke y Kate los primeros días encontraron mis gafas y las tiraban al suelo. Como se las escondí, luego tiraron un pocillo y así se la pasaban buscando algo que cayera e hiciera ruido. Antes de acostarnos revisábamos no dejar nada de «valor» a su alcancé porque lo tiraban con tal de despertarnos a que les diéramos de comer.
En el segundo apartamento, todos eran más pacientes. Por más tarde que nos levantáramos nunca nos fueron a despertar. Siempre esperaban tranquilamente a que les sirviéramos a la hora que quisiéramos, pero eso sí, me veían salir de la habitación y los tres se ponían como locos. Era muy gracioso y no puedo decirles que no me gustaba, porque me encantaba.
[pullquote]»Para mantener una verdadera perspectiva de lo que valemos, todos deberíamos tener un perro que nos adore y un gato que nos ignore.» – Derek Bruce[/pullquote]
Sí puede que no sea la mejor estrategia cuando cuidas los animales de otras personas encariñarte tanto, dormir con ellos y crear una rutina tan cómoda, pero somos muy dados a dar lo mejor de nosotros. Eso era lo mejor que podíamos hacer, lo hicimos con gusto, con cariño y sobre todo con alegría, porque eso es lo que esos animales le dan a uno. Tal cual. Y no creas que he terminado, aún no les he contado lo que fue vivir con una perra, una gata y un gato (aunque aquí ya te puedes dar una idea).
Por lo pronto puedes contarme ¿Duermes con tus mascotas? ¿Crees que es mejor que cada uno tenga su espacio? ¿Te da asco los animales, sobre todo cuando no son tus mascotas? ¿Qué opinas de mi experiencia?

5 comentarios

  1. A mi Donella le cayó muy bien Amparo, recuerdas? XD
    Tener animales es muy bonito, yo dormía con Donella cuando mi ciudadera fría, pero ahora con este calor ella se la pasaba de la cama al suelo, del suelo a la cama, así que le compré una camita y la mayoría de la noche duerme allí, pero siempre sube a la cama para hacer pereza o cuando siente que me voy despertando 🙂

  2. Una experiencia bonita, los gaticos y los perros son muy cariñosos y luego de convivir con ellos, es imposible no quererlos, son como niños ni más ni menos, ahí ya se pueden hacer una idea de como será vivir con ellos.

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