Suiza resultó ser un lugar como lo había imaginado: montañas hermosas y blancas; gente correcta y educada; la comida, ni hablar, aunque puede deberse más a la cocinera que al lugar 😉


Un país costoso, con historia y muy correcto en muchas cosas, aunque la gente que vive allí (sobre todo los jóvenes) se quejan de que son muy estrictos y tienen mucha “estreches de mente”, pero para los mayores o aquellos que son un poco más maduros, es un lugar maravilloso, su sistema es organizado, eficiente y funciona como un reloj. No por nada Suiza a pesar de ser un país tan pequeño, con solo 7.870.134 habitantes (2010), más o menos lo que tiene Bogotá, Colombia, es uno de los más ricos de Europa. Que digo de Europa, del mundo. Hace frontera al norte con Alemania, al oeste con Francia, al sur con Italia y al este con Austria y Liechtenstein. Maneja 4 idiomas oficiales que son el Alemán, Francés, Italiano y Romance, además tiene su propio idioma, que hablan, obviamente, todos los suizos y que nadie más logra comprender ;).
Es un país que cuida de su gente que tiene una seguridad social increíble y que (como todos) aunque hay pobreza, la gente no se muere de hambre, porque los pobres, nunca serán como los que estamos acostumbrados a ver en América Latina. De hecho, creo que es el único lugar al que he ido donde no recuerdo haber visto mendigos o gente pidiendo en la calle y eso ya de por sí muestra lo que es un país.
Ahora bien, de éste primer viaje en particular, recuerdo varios lugares y ciudades que conocimos como: Interlaken, Grindelwald, Aareschlucht, Berna, Colmar, Estrasburgo, Kehrsatz, Fribourg y Zurich. Además de un viaje que hicimos en tren por el Ticino, donde pasamos por otros lugares como: Lucerna, Bellinzona, Locarno y por último llegamos a un pueblo de Italia llamado: Domodossola. De allí hicimos el retorno a Berna. El viaje, en tren es genial, te lleva por todos los Alpes Suizos y el espectáculo vale cada centavo que gastas…
Además, teniendo en cuenta que estábamos donde familia, Jaime se reencontraba con amigos que no veía desde hace 10 años y llevamos 8 meses fuera de Colombia, sin ver un amigo o familiar, fue reconfortable, agradable y maravillo estar rodeados de gente querida y especial. Eso pudo ser a la final, lo mejor del viaje.
Dejando la parte sensible, les cuento que cuando estuvimos en Domodossola, se siente el cambió de Suiza a Italia. En el primero si el tren dice que pasa a las 3:05 pasa a las 3:05 no a las 08 o 09. En Italia, si el tren dice que pasa a las 3:05 puedes esperar hasta las 4 y seguro que más o menos a esa hora pasará. Eso nos ocurrió, pero que le vamos a hacer, cada país tiene su peculiaridad…
Como cosas curiosas o anécdotas, que puedo recordar de este viaje:

  • Los suizos son muy cumplidos, de hecho, demasiado cumplidos. Siempre llegan a tiempo a todo, algo que al principio es alarmante, pero que luego terminas por valorarlo enormemente
  • El transporte público es costoso, demasiado, pero funciona como un reloj. Es una maravilla, además de ser organizado, aseado y muy bueno
  • Las ciudades son súper bonitas, limpias, pequeñas (algunas), llenas de encanto y aunque tomar fuera un café, puede salir cariñoso, algunas veces vale la pena, pues hay locales o bares tan encantadores que solo por estar allí un ratito vale cada peso que inviertes en el gasto
  • Es sorprendente ver tantas montañas y más aún las vías, los túneles, te quedas boquiabierto. Yo era feliz, porque es maravilloso. Si eso lo pudiéramos tener en nuestro país, viajar por tierra y conocer sería un paseo que todos podríamos disfrutar.
  • Las personas hablan hasta tres idiomas (muy bien), aunque hay muchos que hablan más. Eso debido a su cercanía con otros países y a que son idiomas oficiales y se los enseñan en el Colegio a los chicos. Se imaginan ese privilegio 😉

Aquí les dejo un recuento de mi viaje en fotos…

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