Budapest la ciudad que no esperabamos

Budapest en 3 días: qué ver, dónde alojarte y por qué nos conquistó

Si tuviera que elegir una ciudad de todo este viaje que me sorprendiera por encima de todas las expectativas, sería Budapest.

No porque las demás no estuvieran a la altura, que lo estuvieron, como Dresde, por ejemplo, sino porque Budapest tiene algo difícil de explicar con palabras.

Una elegancia que no intimida, una historia que se palpa en cada calle y una belleza nocturna que te deja sin argumentos.

El mejor alojamiento del viaje está en Budapest

Lo digo sin dudar, el alojamiento de Budapest ha sido el mejor del viaje. Se llama W&B Elegant Apartment Near the Zsinagógák. Y eso es mucho decir después de un tren convertido en hotel en Ámsterdam y varios apartamentos repartidos por Europa, al fin teníamos un apartamento con mucho espacio, cocina y todo para nosotras.

Estaba cerca de la Gran Sinagoga de Budapest, la más grande de Europa, en una zona perfectamente ubicada para llegar a todo caminando.

Por dentro era una belleza: minimalista, sencillo, pero con todo lo necesario. Habitación con baño completo, sala comedor generosa, balconcito, cocina bien equipada y un segundo baño social. Para tres personas, un lujo.

Lo único que no estaba a la altura era la zona común del edificio, donde se dejaban las basuras, que daba bastante pena. Pero eso no depende del anfitrión sino de los vecinos, y no empañó para nada una estancia que fue, de principio a fin, un diez sobre diez.

Además, a una cuadra había una lavandería, un poco rara, porque había que dejar la ropa y un rato después la entregaban. También, muy cerca habían unas taquillas donde dejamos las maletas el último día, que nos sirvieron para aprovechar hasta el final sin arrastrar equipaje.


La primera noche: Budapest iluminada

Llegamos al mediodía a Budapest, dejamos las cosas, compramos en el supermercado que quedaba cerca y cocinamos en casa.

Había quien decía que los domingos todo cerraba en Budapest, pero no fue así en nuestra zona: Carrefour abierto, tiendas funcionando, vida normal. Así que nos abastecimos bien y descansamos un poco antes de salir un rato a caminar.

Por la noche dimos una vuelta por el barrio y Budapest nos recibió con una imagen que no olvidaremos fácilmente. Los edificios del centro histórico iluminados de noche son un espectáculo. Fachadas neoclásicas enormes con estatuas en los tejados, arcos con frescos pintados en los techos, farolas antiguas de hierro forjado que parecen sacadas de otra época.

Todo eso de noche, con poca gente en la calle, tiene una magia muy especial. Nos quedamos paradas mirando hacia arriba más de una vez.


Budapest: la ciudad que no esperábamos y que nos conquistó del todo

Al día siguiente salimos a recorrer la ciudad. Budapest se divide en dos orillas del río Danubio: Buda, en la parte más elevada y antigua, y Pest, en la parte llana y más comercial.

Las une, entre otros, el Puente de las Cadenas, el más icónico de la ciudad y uno de los más bonitos que he visto en todo el viaje. A la entrada del puente hay dos leones de piedra que lo guardan a cada lado, imponentes y elegantes a partes iguales.

Cruzamos el puente y subimos hacia el Castillo de Buda, que domina la ciudad desde lo alto. Desde allí las vistas son de las más bonitas que hemos tenido en todo el viaje: el Danubio abajo, el Parlamento al fondo, los tejados de Pest extendiéndose hasta donde alcanza la vista. Grandioso.

También, gracias a una ocurrencia de mi madre, terminamos subiendo a la Colina Gellért para ver la Estatua de la Libertad, ese ángel enorme que se ve desde casi cualquier punto de la ciudad.

La subida tiene su mérito, porque el camino sencillo no es, pero las vistas desde arriba lo compensan con creces.

De vuelta en Pest, recorrimos las calles del centro, vimos el Ayuntamiento, las iglesias, las sinagogas. La Gran Sinagoga es imponente desde fuera, la más grande de Europa y un edificio que no pasa desapercibido en ningún caso.

Todo a pie. Budapest es de esas ciudades que se entienden mejor caminando. Y nosotros la caminamos de ida y vuelta y fue maravilloso.


El Cementerio Kerepesi: historia entre tumbas

Siguiendo la tradición que iniciamos en Viena, en nuestro segundo día en Budapest también visitamos el cementerio. El Cementerio Kerepesi, también conocido como Cementerio de la Carretera Fiume, está algo más alejado del centro y lo alcanzamos usando los tiquetes de transporte público que habíamos comprado el primer día.

Es uno de esos cementerios europeos que son museos en sí mismos.

Mausoleos elaborados, esculturas, criptas con una arquitectura que te obliga a parar y mirar. Nada que ver con los cementerios a los que estamos acostumbradas en Latinoamérica. Aquí la muerte tiene una estética diferente, casi solemne en su belleza.


Cocina casera y aprovechando cada hora

En Budapest cocinamos en casa los dos días. Tener una buena cocina en el apartamento lo cambió todo: pudimos comer bien, ahorrar y tomarnos el tiempo a nuestro ritmo sin depender de horarios de restaurantes.

Cuando el apartamento lo permite, es una opción que recomiendo especialmente en viajes largos.

El último día el bus salía a las ocho de la tarde, así que dejamos las maletas en las taquillas que había a una cuadra del apartamento y aprovechamos hasta el último momento para seguir recorriendo la ciudad.


Budapest: un acierto total

De todas las ciudades de este viaje, Budapest es la que más ganas me da de volver. Es una ciudad muy cómoda para caminar, una arquitectura que mezcla estilos de una manera muy particular, y una energía que no es ni la intensidad de Berlín ni la opulencia de Viena sino algo propio y difícil de comparar.

Nos la gozamos de principio a fin. Y eso, después de más de tres semanas viajando sin maletas y con toda la logística que eso implica, es decir mucho.


Si vas a Budapest, apunta esto

  • El W&B Elegant Apartment Near the Zsinagógák en Booking: bien ubicado, amplio y a un precio muy razonable para lo que ofrece.
  • El Puente de las Cadenas es más bonito de noche. No te lo pierdas iluminado.
  • El Castillo de Buda se puede visitar gratis por fuera. Las vistas desde arriba son de las mejores del viaje.
  • La Colina Gellért y la Estatua de la Libertad: la subida tiene su rato pero las vistas lo compensan.
  • El Cementerio Kerepesi está algo alejado pero merece la parada si te gustan los cementerios históricos.
  • Compra un taco de diez tiquetes de transporte público en lugar de pases diarios si no vas a usar mucho el metro. Sale más económico.
  • Budapest a pie es la mejor manera de descubrirla. El centro histórico de Pest es muy caminable y siempre hay algo nuevo que ver a la vuelta de cada esquina.

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