Resulta que hace años tenía la mala costumbre de robar las copas de los bares a los que iba. Sí, lo confieso era una ladrona de copas. Aunque eso fue hace muchos, muchos años. Algunos de adolescentes hacemos cosas raras, y en cuanto a colecciones, seguro te sorprenderías. Por ejemplo yo coleccionaba las revistas de Shock cuando recién empezaron y fue un hobbies que tuve como por tres años. Ahorraba todo el mes para poder comprarla, hasta que me pude inscribir y me salió más «barato». También coleccionaba condones, que me regalaban mis amigos y entre más raros y diferentes fueran, me parecían mejor. Además, me escribía cartas con mis amigas y teníamos un alfabeto propio.
Sin embargo, robar copas en los bares fue algo que adopte (cuando empecé a ir de rumba). Me parecía genial y tenía una buena colección de todos los lugares a los que iba, porque me parecía algo chévere. Además porque no son los típicos vasos que encuentras en toda parte, la mayoría tenía el logo del bar y eran bastante originales.
Anécdota de CopasPero por qué te sorprendes, algunas amigas tenían afiches en sus cuartos de famosos o coleccionaban novios o zapatos o peor aún robaban en tiendas ropa interior y cosas de esas. Yo tenía algo que era divertido y me parecía gracioso, no era algo por lo que me fueran a meter a la cárcel y aunque te parezca increíble mi anécdota no va de cómo me pillaron, sino de cómo deje de robar dichas copas.
Y aquí viene la historia
Resulta que cuando empecé la relación que tengo hoy en día, ya casi ni robaba copas, de hecho ni iba ya de rumba como antaño, pero a veces cuando el sitio era muy chulo y tenía copas de esas «diferentes» me gustaba llevarme un recuerdo. Pues el cuento va a que una vez, salí con Jaime de un bar y me lleve la copa. Valga aclarar, que todavía tenía el coctel que estaba tomando. Lo cierto es que ni siquiera lo hice adrede, fue instintivo. Estaba lleno ¿Por qué lo iba a dejar?
Íbamos caminando y estábamos ya a una cuadra de distancia del bar cuando notó que llevaba la copa con el licor en la mano y me dice ¿Cómo te trajiste eso? y le dije «pues trayéndolo» y me dice: «Tómatelo que hay que devolver la copa» y yo «¿y Por qué?» y me dice «Porque no es tuya» y se quedo parado, con una mirada que aún hoy le reconozco y esperó hasta que me tomé el licor y fue y devolvió la copa el mismo.
No sabía sin sentir vergüenza, rabia o risa. No sabía si me iba a armar una bronca por el tema, lo cierto es que no dijo nada al respecto, pero la verdad es que desde entonces no volví a llevarme copas de ningún bar. Ni otras cosas, aunque la cleptomanía nunca fue lo mío. Las copas lo veía como un valor agregado cuando has estado mucho rato tomando en un sitio, pero soy una convencida en que todos podemos cambiar malos hábitos, yo he cambiado muchísimos y aún me faltan un montón, pero bueno, ahí vamos por el camino del bien o al menos intentándolo y es genial cuando tienes a tu alrededor gente que te hace caer en cuenta que esas pequeñas cosas luego se pueden convertir en grandes amenazas para uno o para otros 🙂
Siii ya saben veo mucha televisión, por lo que aprendo de todo y está es mi #SábadoDeAnécdotas y la historia que te tengo el día de hoy.
[su_box title=»Participa >.<» box_color=»#f6acac» radius=»5″]¿Alguna vez has dejado un mal hábito porque alguien te haya hecho caer en cuenta que es lo que debes hacer?[/su_box]

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