Brujas

Brujas sin maletas: cómo sobrevivimos (y nos enamoramos de la ciudad más bonita de Bélgica)

Si no has leído lo que pasó antes de llegar aquí, el resumen lo encuentras en es este artículo el bus nos dejó en Lille con todas las maletas dentro. Llegamos a Brujas de noche, tarde, empapadas y con la ropa que llevábamos puesta. Puedes leer la historia completa aquí.

Y aun así, Brujas nos robó el corazón.


La primera noche: llegada, caminada y un descanso necesario

Eran casi las diez de la noche cuando el bus nos dejó en Brujas. El hostal quedaba a unos 25 minutos andando y entre el taxi que costaba 30 euros y el bus cuya parada no encontrábamos, la decisión fue fácil: caminar.

Aunque llovió y hacia algo de frío, no nos mojamos y llegamos sin problema. Con el cansancio encima, la preocupación de las maletas todavía muy presente y las ganas de ducharse y acostarse como prioridad absoluta.

El hostal era de habitación compartida, camarotes y baños comunes. No era el mejor plan para esa noche, pero cumplió con lo que necesitábamos: una buena cama, baño y a descansar, pues el día siguiente debíamos tomar decisiones.

Antes de dormir, sin embargo, había un problema urgente: la ropa sucia. Yo era la única que tenía una muda extra, porque había metido algo de ropa en el maletín del ordenador casi sin pensar. Mi madre y mi prima no tenían nada más que lo que llevaban puesto.

Así que nos acostamos con lo mínimo, nos cobijamos y a descansar hasta el otro día.


El día del reabastecimiento

A la mañana siguiente, desayunamos y nos sentamos a tomar la decisión que llevábamos posponiendo desde Lille: ¿Seguimos el viaje o lo cancelamos todo?

Cancelar significaba perder reservas, dinero y meses de organización. Seguir significaba improvisar, comprar lo mínimo indispensable y adaptarse. Después de mucho debatirlo, decidimos seguir.

Y así fue como Brujas se convirtió también en nuestra base de operaciones de emergencia.

La mañana la pasamos buscando tiendas económicas. No era momento de caprichos, necesitábamos lo básico: cepillos de dientes, cremas, artículos de aseo, ropa interior, medias y algo de ropa térmica, porque todavía hacía frío y teníamos por delante países más al norte.

Encontramos lo que buscábamos sin gastar de más y con eso pudimos respirar un poco mejor y al menos tener una muda extra.

Por la tarde, ya con lo esencial resuelto, salimos a conocer la ciudad de verdad.

Eso sí, en la noche encontramos una lavandería cerca del hostal. Así que recogí la ropa de las tres, me fui a lavarla y ellas se quedaron en el cuarto, esperándome envueltas en toallas. Sí, en toallas.

Cuando volví con la ropa limpia y les conté lo que me había parecido la escena, nos reímos durante un buen rato. De ese tipo de risa que solo sale cuando estás agotada, cuando la situación es un poco absurda y cuando estás con personas de confianza que te permiten tomarte las cosas con humor.

Fue uno de esos momentos que no estaban en ningún plan pero que te quedas guardando.


Brujas: medieval, oscura y bellísima

Esta era mi segunda visita a Brujas. La primera vez vine de paso y no me quedé a dormir. Esta vez tuve dos noches y eso cambia completamente la experiencia, porque Brujas de noche es otro mundo.

La ciudad se conserva con un cuidado impresionante. Las callejuelas medievales, los canales, la arquitectura que parece sacada de un cuento. De noche todo eso se ilumina de una manera que le da una atmósfera especial: tranquila, segura, luminosa sin ser ruidosa. No es una ciudad que grite, es una ciudad que susurra y que te invita a caminar despacio y mirarlo todo.

Recorrimos las calles por la tarde, entramos a alguna catedral y ya entrada la noche, sin prisa, estuvimos en la plaza, compramos comida y nos dejamos llevar por una noche tranquila.

Las iglesias, que en mi visita anterior podían visitarse gratuitamente, esta vez eran en su mayoría de pago. Algunas permitían asomarse un poco sin coste, pero para ver lo bueno había que pagar entrada.

Es una pena porque las iglesias de Brujas tienen algo especial: son oscuras, frías, con esa solemnidad gótica que te hace bajar la voz sin que nadie te lo pida. Si puedes permitirte la entrada, merece la pena.


La segunda mañana: nos preparamos para la salida hacia Ámsterdam

El checkout del hostal era a las once, así que tuvimos una mañana tranquila, comprando algunas cosas más en una tienda donde vendían ropa de segunda mano. Desayunamos, compramos algunas cosas para picar en el camino y salimos con tiempo hacia la parada del bus.

A las dos de la tarde cogimos el Flixbus que nos llevaría hacia Ámsterdam.

El viaje continuaba. Sin maletas, con ropa comprada de urgencia y con la lección bien aprendida de no alejarse del bus en las paradas. Pero continuaba.


Si vas a Brujas, apunta esto

  • Quédate al menos una noche. Un día no es suficiente para sentir la ciudad. De noche es cuando Brujas muestra su mejor cara.
  • Las iglesias ahora tienen entrada de pago. Infórmate antes para no llevarte la sorpresa y ver las que más te interese conocer.
  • Camina sin mapa. Las callejuelas medievales están hechas para perderse en ellas y eso es lo mejor de la ciudad.
  • Busca lavandería si la necesitas. Las hay cerca del centro y funcionan bien. Lo digo por experiencia propia.

En el siguiente post será sobre nuestro paso por Ámsterdam. Que también tuvo lo suyo.

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