Reunión con amigos

Lo que nos perdemos estando siempre frente a una pantalla

Esta semana viví algo que me hizo reflexionar sobre lo normalizado que está el tener la televisión, el móvil o la tablet encendidos en todo momento.

En reuniones, comidas familiares o cualquier tipo de encuentro. Parece que las pantallas se han convertido en un “invitado” más.

Esta situación me lleva a cuestionarme lo siguiente: ¿Qué tanto estamos dispuestos a renunciar a la verdadera conexión humana en favor de una pantalla?

Una celebración… con la tele encendida

Hace poco asistí al cumpleaños de un amigo. Me imaginé un ambiente de buena comida y una conversación amena. Pero tan pronto llegamos, alguien encendió la tele para ver algún deporte que estaban dando.

Me quedé perpleja pendando: ¿No estábamos allí para conversar y pasar tiempo juntos?

Todos comenzaron a hablar sobre lo que ocurría en pantalla, en lugar de hablar entre nosotros. Al parecer, mi idea de reunirnos para compartir es anticuada; hoy se trata de “ver juntos” una pantalla.

Este tipo de situaciones parece repetirse en todas partes. Aquí la cosa es si al organizar este tipo de encuentros, deberíamos cambiar el mensaje y decir: “Ven a mi casa a ver la tele,” para que todos sepamos a qué vamos.

Reuniones familiares… y el poder de la pantalla

Cuando vivía en Colombia, había un televisor en el comedor.

En la comida de la tarde, justo a la hora de las novelas y noticias, la tele estaba siempre encendida. Esa rutina nos desconectaba, limitando nuestras conversaciones.

Pero un día dejamos de pagar la suscripción y, de repente, el comedor se volvió un espacio para conversar. Sin la distracción de la pantalla, nuestras cenas cambiaron radicalmente; los silencios eran naturales, y poco a poco empezamos a contarnos nuestras cosas y compartir de verdad.

Hoy en día: La pantalla como una barrera

Ahora, en España, vivo con la madre de Sergio, y ella también tiene la costumbre de tener la tele encendida durante todo el día, incluso mientras comemos.

Es curioso, porque se molesta si alguien mira la table, un E-book e incluso el teléfono durante la comida, pero no ve la televisión como una distracción, ni mucho menos como una pantalla.

Esto me hace pensar en cómo, para muchos, tener la tele “de fondo” no cuenta como estar “enganchado” pero, en realidad, esa pantalla crea una barrera que nos impide interactuar plenamente.

Si estamos cenando y mirando una pantalla, quizás sea porque no queremos realmente estar ahí, en ese momento.

A veces, en medio de una charla que no me interesa, saco el móvil para evadirme. Y he llegado a reconocer que, cuando hago esto, es porque no quiero estar en esa situación.

Esto me ha hecho pensar que cada vez que miramos una pantalla en una reunión social, quizá sea una señal de que no queremos estar donde estamos, de que preferimos lo que está en esa pantalla a la persona con la que compartimos el momento.

Más allá de las pantallas

Esta reflexión no es un rechazo a la tecnología o a las pantallas. De hecho, me encanta ver películas y series en casa, planear noches de cine y disfrutar de las historias junto a mi pareja. Pero todo tiene su momento.

Si nos reunimos con amigos, con la familia, ¿por qué necesitamos la tele o el móvil? Si la idea es compartir tiempo de calidad, dejemos las pantallas a un lado.

Si estamos olvidando lo valioso de las conversaciones auténticas, los juegos de mesa, o simplemente disfrutar de la compañía sin distracciones. Quizás hemos llegado a un punto en que las pantallas nos alejan de lo que está frente a nosotros.

Así que la próxima vez que estés con alguien, toma un segundo y reflexiona: ¿Por qué estoy revisando mi móvil? ¿Es porque no me interesa lo que pasa aquí? Si la respuesta es sí, entonces quizás sea momento de cuestionar si estamos compartiendo de verdad y si estamos donde queremos estar.

Las conexiones profundas requieren nuestra atención. No olvidemos lo que es realmente importante.

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