Montpellier bajo la lluvia: nuestra primera parada inesperada rumbo a París
Nuestro primer destino en este viaje por Europa fue Montpellier. Y lo curioso es que, en realidad… no estaba pensado como destino, sino como una pausa activa.
Cuando planeé el viaje, la idea inicial era ir directamente de Madrid a París por tierra. Pero claro, cuando empiezas a mirar distancias… te das cuenta de que es un poco agotador, pues son entre 20 y 16 horas dependiendo el trayecto. Y ahí fue cuando pensé: ¿de verdad quiero pasar todo ese tiempo metida en un bus y poner a mi madre en esas?
Porque sí, este viaje lo hice con mi madre de 63 años y una prima de 57 y está bien que íbamos conscientes de que iba a ser un viaje duro por tierra, pero si se puede hacer ameno ¿Por qué no intentarlo?
Así que decidí dividir el viaje en dos y hacer una parada en algún lugar bonito, agradable y que nos permitiera estirar las piernas, conocer un poco… y respirar.
Entre las opciones estaban Toulouse, Marsella, Lyon y Montpellier. Lyon quedaba demasiado arriba, casi llegando a París, Marsella nos desviaba mucho y Toulouse estuvo a punto de ser la elegida… pero al final no terminó de convencerme.
Y así fue como elegí Montpellier. Sin saber que ese día nos iba a poner a prueba… con lluvia incluida.
Llegada a Montpellier: frío, sueño y una decisión importante

Llegamos a Montpellier sobre las 7 de la mañana.
Hacía bastante frío, de ese que se te mete en el cuerpo cuando vienes con sueño y sin haber descansado demasiado bien. Por que sí, el bus estaba bastante bien, pero no descansas igual haciendo tantas paradas y en posición sentada.
Así que lo primero fue resolver el transporte, cómo nos íbamos a movilizar. Desde la parada de bus podíamos irnos caminando al centro, pero eran 30 minutos de caminata y no nos apetecía. Así que la otra opción era utilizar el transporte público.
Aquí un dato útil: el transporte en Montpellier no es gratis, pero sí bastante accesible. Puedes comprar billetes individuales, por trayecto o un pase diario que cubre todos los transportes (bus y tranvía) y puedes usarlo durante todo el día.
Nosotras compramos un pase de día (que nos salió por 4€ cada una), y la verdad… fue una de las mejores decisiones del día.
Con ese pase adquirido, nos montamos en el tranvía rumbo al centro de la ciudad.
Primera lección del viaje: no cargues con todo
Nuestra primera parada fue la estación central de trenes de Montpellier, queda muy cerca al centro y pensé que allí podríamos dejar las maletas… pero no.
En Montpellier no es tan común encontrar consignas en estaciones como en otras ciudades.
Así que tuvimos que buscar alternativas. Funcionan bastante bien servicios como Bounce, Nannybag y Radical Storage, este último fue el que utilizamos. Son consignas que se alquilan por medio de app en hoteles, pero hay que tener en cuenta que: son más caros que las consignas tradicionales, aunque puedes encontrar más en ciudades pequeñas como Montpellier.
A nosotras nos costó 20.25€ dejar todo el equipaje. Eso sí, valió completamente la pena. Y aquí va un consejo claro y directo:
👉 No intentes hacer turismo con todo encima.
Yo llevaba dos mochilas: una con ropa y otra de trabajo. Mi madre y prima llevaban cada una una mochila con ropa de unos 10 kilos cada una. Al principio pensé que podríamos manejarlo… pero no. Es una agonía. Incómodo, pesado y te quita toda la energía para disfrutar de la ciudad.
Así que al dejar las maletas en una consigna, nos quitamos un buen peso de encima (literalmente) y decidimos quedarnos solo con lo esencial para pasar el día visitando la ciudad.
Un desayuno tranquilo… antes del caos
Antes de empezar a explorar, paramos a desayunar, nuestro primer croissant de Francia. Necesitábamos ese momento de pausa, de entrar en calor, de ubicarnos un poco.
Y menos mal lo hicimos… porque apenas salimos y empezamos a recorrer la ciudad… empezó a llover.

Cuando el plan cambia: de llovizna a tormenta
Al principio era una llovizna suave, de esas que incluso tienen su encanto. Caminas, te mojas un poquito, pero sigues.
Pero poco a poco… la cosa se puso seria.
Terminamos bajo una lluvia bastante fuerte. Empapadas. Sin refugio claro. Y con todo el día por delante hasta que saliera nuestro bus a París (sobre las 11 de la noche).
En ese momento incluso nos planteamos alquilar una habitación por el día. Pero no había disponibilidad, al ser fin de semana, Montpellier estaba copado. Preguntamos en varios hoteles, incluso en el mismo donde dejamos las maletas… y nada. Todo lleno.
Una lluvia que me recordó a Colombia
La lluvia en Montpellier me sorprendió muchísimo.
Yo venía con la idea de que en varios lugares de Europa la lluvia era suave, tipo llovizna, pocas tormentas he visto desde que vivo aquí, de hecho en Guadalajara, se tiene una lluvia finita que casi no se siente.
Y no. Montpellier tiene su propia forma de llover, más cercana a lo que yo conocía. Era una lluvia más compacta, más presente. No tan intensa como en Colombia, pero sí un punto intermedio que se siente de verdad.
Y eso me encantó… aunque también fue duro. Porque claro, estamos en invierno. Y con el frío, la lluvia se siente mucho más intensa e incómoda.
👉 Consejo clave: lleva impermeable. No te salva del todo, pero ayuda muchísimo a mantener el calor.

El olor de la ciudad bajo la lluvia
Hay algo que me llamó mucho la atención… y fue el olor de la ciudad después de la lluvia. No era ese olor a tierra mojada que yo asocio con mi tierra, con Colombia, con café, con naturaleza. Era otro tipo de aroma.
Olía a ciudad. A cultura. A historia. A calles que han visto pasar mucha gente.
Y aunque no era un olor “dulce” o “natural”… tampoco era desagradable. Era simplemente distinto.
Y tengo que decirlo: Montpellier es una ciudad bonita cuando llueve.
Tiene ese encanto que solo las ciudades antiguas logran sacar bajo el agua. Y gracias a esta lluvía fue cuando apareció la idea más simple… y más brillante del día.
El mejor plan improvisado: recorrer Montpellier en tranvía
Después de intentar buscar un hotel (sin éxito, como te comenté), apareció el mejor plan del día. Mi mamá dijo:
— ¿Y si nos montamos en el tranvía… y ya?
Y eso hicimos. Nos subimos a un tranvía sin rumbo fijo.
Cogíamos un tranvía e íbamos hasta la última parada. Nos bajábamos. Esperábamos el siguiente y volvíamos a subir y repetíamos la vuelta.

El tranvía: una joya inesperada de la ciudad
Y aquí tengo que hacer una pausa porque esto vale totalmente la pena compartirlo. Resulta que el tranvía de Montpellier no es solo transporte. Es parte de la experiencia.
Cada línea tiene un diseño diferente, lleno de colores, patrones y una personalidad única. Son llamativos, modernos y muy integrados con la identidad de la ciudad.
Hay varias líneas (creo que unas cuatro), y cada una tiene su propio estilo visual. Es imposible no fijarse en ellos, sus colores y sus diferencias. Todos súper modernos.
👉 Si vas a Montpellier, súbete al tranvía aunque no lo necesites. De verdad, es una forma muy bonita de recorrer la ciudad.
Y si te preguntas, si vale la pena comprar o no el tiquete, te cuento que sí que vale la pena. A nosotros nos tocó un control y nos pidieron los tiquetes. Si no los tienes, debes pagar una multa en el acto y eso no es nada bonito.
Comer, parar y seguir… aunque llueva
En uno de esos recorridos llegamos hasta una parada donde había un Carrefour. Así que aprovechamos para comprar algo de comer por allí y descansar un poco, aprovechando que había escampado. Buscamos un lugar donde sentarnos (medio resguardadas del frío) e hicimos una pausa.
La idea inicial era incluso intentar llegar al mar en el tranvía, cosa que se puede… pero con ese clima, quedó en intención. Además, que nos confundimos de tranvía y resultamos en el lado opuesto de la ruta.
Después de esa primera comida, seguimos con nuestra dinámica:
- Tranvía
- Bajarnos donde algo nos llamaba la atención y que no estuviera lloviendo
- Caminar un poco
- Tomar fotos
- Volver a subir al tranvía y seguir el recorrido.
Y así, sin darnos cuenta, recorrimos Montpellier de pe a pa.

Una ciudad que se deja recorrer (incluso sin plan)
A pesar de la lluvia, Montpellier nos pareció una ciudad preciosa. No es enorme, lo que hace que sea perfecta para recorrerla incluso en pocas horas.
Y si no tienes un plan claro (como nos pasó a nosotras), el tranvía se convierte en tu mejor aliado.
Es necesario tener presente que Montpellier es una ciudad universitaria, joven, con vida, pero al mismo tiempo tranquila y con historia.
El transporte público me pareció de los más baratos de todo el viaje, funcionaba bien, era cómodo y pasaba con bastante frecuencia, además que recorren toda la ciudad.
Incluso diría que, si tienes poco tiempo, esta forma de recorrer la ciudad puede ser un plan en sí mismo.
Lugares que visitamos en Montpellier (y que sí valen la pena)
Place de la Comédie: el corazón de la ciudad
La Place de la Comédie es simplemente una belleza. Es una plaza grande con parada de tranvía y con mucha actividad durante el día. Nosotras tuvimos la oportunidad de verla en tres versiones:
- Vacía, a primera hora de la mañana. Es realmente mágica, silenciosa, tranquila.
- Llena de gente y ambiente durante el día. Se ve totalmente diferente, con movimiento, sonido y gente de todo tipo.
- Bajo la lluvia, simplemente preciosa.
Tiene algo especial cuando está sola, no te diré mentiras, la gente siempre hace que las cosas se vean de otra manera. En cambio sola se siente enorme, tranquila, casi íntima y misteriosa.

Centro histórico (Écusson)
Caminamos por el Écusson, el centro histórico de Montpellier, primero buscando dónde dejar las maletas, luego perdidas entre sus callejuelas y cafeterías. Es realmente precioso el centro histórico con sus calles empedradas y su gente y comercio.
Las calles son estrechas, la arquitectura es antigua y hay muchos rincones que invitan a perderse en medio de todo esto. De esos lugares donde caminar ya es el plan.

Arco del Triunfo y Plaza de Promenade du Peyrou –
En nuestro recorrido llegamos hasta el Arco del Triunfo de Montpellier y caminamos por la Plaza de Promenade du Peyrou. Como era invierno los árboles estaban sin hojas, así que el paisaje era distinto a como se podrá disfrutar en verano… pero aún así, muy bonito.
Me imagino ese lugar en verano y tiene que ser espectacular.
A nosotras nos tocó disfrutarlo bajo la lluvia, porque fue justo guando llegamos allí que empezó a llover con fuerza. Así y todo, eso no le quitó encanto

Centro comercial Polygone y alrededores
Otra zona que nos gustó mucho fue la que rodea la Biblioteca y el Centro Comercial Polygone.
Este centro comercial tiene unas vistas muy bonitas, una vez subes. Desde allí se ve pasar el tranvía, hay carruseles, zonas con fuentes… y justo antes de llegar hay una plaza súper agradable donde paramos un rato para tomar fotos y disfrutar de la arquitectura de la ciudad.
Es una zona moderna, diferente al centro histórico, pero muy agradable.
Cerrar el día: comida caliente y espera
Ya por la noche, volvimos al centro a recoger nuestras maletas y nos dirigimos a la estación desde donde salía el bus hacia París.
Justo allí había una especie de mercado con distintos puestos de comida. Cada una eligió lo que quería cenar, y nos sentamos a esperar que nuestro bus saliera.
El lugar cerraba a las 10 de la noche, y nuestro bus salía sobre las 11 de la noche, pero a eso de las 10:30 ya podíamos montar al bus, así que estuvo perfecto porque tuvimos refugio del frío hasta el último momento.
Y luego… empezó el viaje nocturno hacia París.

Consejos prácticos para visitar Montpellier
✔️ Compra el pase de transporte público: (aprox. 4€ por persona) vale totalmente la pena. Es muy económico para tener 24 horas de transporte en la ciudad. Si llueve o quieres ir hasta la playa, te vendrá muy bien.
✔️ Deja las maletas en consigna: imprescindible si estás de paso, así no te preocupas por el peso o lo que lleves allí. Es mucho mejor.
✔️ Lleva impermeable: en serio, no lo subestimes, te pueden salvar el día.
✔️ Zapatos cómodos: estas ciudades se disfrutan más caminando, así que lleva siempre zapatos cómodos para que tengas una mejor experiencia.
✔️ Improvisa: a veces los mejores planes no se planean, la improvisación es lo que marca la diferencia.
Reflexión final
Montpellier no era el destino final de nuestra primera parada, era solo una pausa.
Pero terminó siendo una experiencia en sí misma.
De esas que no planeas, que no salen como imaginabas… pero que, de alguna forma, te enseñan a soltar el control y a disfrutar lo que venga.
Porque a veces, viajar también es eso: aprender a improvisar.
Y ahora te pregunto
¿Eres de las personas que necesita tener todo planificado cuando viaja… o te permites vivir este tipo de planes improvisados?

Destinatarios:los datos que me facilitas estarán ubicados en los servidores de KnownHost LLC (proveedor de hosting de Diana Garcés) Con domicilio en Delaware, Estados Unidos. Más información en: https://www.knownhost.com/.
Derechos podrás ejercer tus derechos para rectificar, limitación y suprimir los datos escribiéndome a [email protected]. Puedes consultar la Política de Privacidad para mayor información.